Pedro Orrente

HASTA EL DOMINGO 12/10
MuBAV. Sant Pius V, 9

Los sesos del apóstol Santiago se desparraman por el suelo porque un espontáneo le ha abierto la cabeza con una pértiga de batanero. Pedro Orrente pintó la violencia dramática de esta escena con muchísima crudeza, sin ahorrarle vísceras al espectador. Pero el artista murciano también sabía dotar de sensualidad y vitalidad a personajes como el San Sebastián de la Catedral de València. Restaurado para la ocasión, parece más un Hércules hedonista que un santo de la sobria tradición religiosa hispánica. Su martirio es una de las grandes pinturas de altar que se pueden ver en la exposición monográfica —la primera— dedicada a este pintor itinerante que acabó haciendo carrera en València en la etapa final de su vida. La otra es El milagro de Santa Leocadia de la catedral de Toledo y no se exhibía desde hace más de cincuenta años. Estas dos pinturas de altar son, según el comisario de la exposición, José Redondo, las piezas más importantes de su producción y dos de las obras maestras de la pintura española del Siglo de Oro.
Orrente ha tenido problemas para ser reconocido como merece por pertenecer a una generación de nadie que navegó entre dos aguas: el manierismo y el barroco. En su día fue alabado por sus escenas bíblicas de tamaño mediano y por su representación hiperrealista de los animales, pero dicen los expertos de hoy que su maestría fue mucho más allá: elaboró complejas composiciones monumentales como el Milagro de Santa Leocadia que comentábamos antes. También fue pionero en el género del paisaje de influencia veneciana, poco cultivado en España por entonces; y destacó como pintor de escenas nocturnas y como dibujante. La exposición Pedro Orrente. Un artista itinerante  en la España del Siglo de Oro reúne un puñado de nocturnas y una selección de dibujos procedente de la Biblioteca Nacional, entre los que sobresale David con la cabeza de Goliat, que se exhibe al lado de la pintura final para que podamos apreciar la técnica y el modo de trabajar del artista.
Coetáneo de El Greco, Velázquez o Zurbarán, Orrente contribuyó a definir la pintura valenciana de mediados del siglo XVII, junto a grandes maestros de la tierra como Francisco Ribalta, José de Ribera o Jerónimo Jacinto de Espinosa. Pese a dirigir uno de los talleres más grandes del Barroco español, su obra no ha trascendido para el público general, entre otras cosas, porque fue un pintor itinerante que puso sus huevos en más de una cesta. La última de ellas: València, donde sentó las bases del Barroco en la zona. S.M.

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