FIDO

Misser Mascó

Fallas y fútbol. En Misser Mascó retumban los coros de aficionados valencianistas en días de partido y los petardos de los falleros de una de las comisiones más importantes de València. Entre la imponente mole de Mestalla y el viejo cauce del Túria corta esta calle bautizada en honor a un importante jurista del siglo XIV que fue consejero de Martín el Humano, rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia y conde De Barcelona. Domingo era su nombre de pila, “misser” (“micer” en castellano) era el título honorífico que se les otorgaba a los letrados en la Corona de Aragón. Estamos en el barrio Exposició, que a pesar de estar extramuros de la ciudad y fuera del núcleo económico, presume de una ajetreada vida comercial y mucho movimiento, especialmente por las mañanas: es zona de universitarios y funcionarios, la rodean el Campus de Blasco Ibáñez de la Universitat de València y un buen puñado de sedes administrativas. Por la tarde-noche la actividad decae, pero la calle aguanta el pulso gracias a una tienda de calzado ecológico infantil, a un ultramarinos que mantiene la esencia de los años sesenta, a una hamburguesería que prepara hamburguesas únicas y originales, a varias tiendas de ropa y complementos, a una pastelería de alto standing y a una tienda de flores que huele a tallos cortados.

Librería Tam Tam
Misser Mascó, 6
No es fácil la vida de una librería de barrio, pero la pequeña Tam Tam ha conseguido sobrevivir en el barrio de Exposició más de treinta años gracias, entre otras cosas, a su ubicación frente al colegio de Esclavas. La ventaja de que no haya mucha afluencia de clientes yendo y viniendo es que Mercedes tiene tiempo para hablar, conocer los intereses de los niños y las niñas y recomendar atendiendo a los gustos y la edad de cada cual. Lo habréis podido deducir, esta es una librería especializada en libros infantiles y juveniles, así que reinan los relatos cortos, los libros de preguntas y respuestas, el libro anual de los records Guinness que tanto fascina a los más pequeños, los libros-puzle, los dinosaurios en las portadas y libros interactivos pensados para que los bebés jueguen mientras estimulan la sicomotricidad. Mercedes nos recomienda los de Busca y encuentra para desarrollar la atención y ampliar vocabulario, el libro de pop-ups de Ernest y Célestine, el clásico contemporáneo de la literatura infantil El Grúfalo y cualquiera de los libros ilustrados de Rocío Bonilla. Tam Tam despierta el placer por la lectura asociándola a la diversión y al entretenimiento.

Kikü
Misser Mascó, 12
En Kikü encontrarás calzado ecológico artesanal que, además de bonito, es cómodo y flexible para que los niños y niñas salten, corran y jueguen. Hay zapatos para todas las edades, pero el rey aquí es el calzado infantil fabricado con materiales como el caucho, el yute, el algodón, el lino o el corcho (nada de origen animal) coloreado con tintes naturales. En una de las estanterías hay un zapato cortado por la mitad para que puedas ver las capas de distintos materiales que contiene el interior de la suela. Kikü es la marca y el nombre de la tienda, también del fabricante, ya que confeccionan ellos mismos los zapatos en Villena. Lógicamente, aquí no son nada partidarios del zapato respetuoso ni de que los peques vayan descalzos, los podólogos solo se fijan en los pies —nos comentan—, pero las rodillas y las caderas de los niños descalzos saltarines pueden sufrir. Hasta hace poco no vendían zapatos de más de 100€, pero con la subida de la materia prima ese tope no se ha podido mantener más tiempo. Aún así, sacan pecho de su relación calidad-precio. ¿Los buscas más baratos? Pásate por el outlet que tienen en Santos Justo y Pastor.

Ultramarinos Rodrigo
Misser Mascó, 15
Entrar a Ultramarinos Rodrigo es volver al pasado, no han tocado ni un ladrillo desde que abrieran la persiana el veinte de agosto del año 1960. Esa es la gracia de esta empresa familiar regentada por José Rodrigo, Pepe, que recuerda como a él y a sus hermanos, Enrique y Vicente, los llamaban “los chicos” las vecinas del barrio. El negocio conserva la esencia de los ultramarinos de antaño en un barrio que los tenía a puñados, pero que fueron cerrando por miedo al gigante Mercadona que abrió una tienda a la vuelta de la esquina. Ultramarinos Rodrigo resistió para quedarse como único bastión del pequeño comercio que le habla de tú a tú a los vecinos y solo ofrece productos de calidad, aquí no encontraréis marcas blancas. Las mejores frutas y verduras, conservas de Albo, Cuca, Noly y Ortiz, embutidos, quesos, vinos, licores… En fin, productos que se vendían en los ultramarinos de mediados del siglo pasado cuando las grandes cadenas de supermercados aún no habían extendido sus tentáculos por cada rincón.

The Orange Club
Misser Mascó, 21
La mala costumbre de copiar hamburguesas es más común de lo que parece en el mundillo, es algo que nunca han hecho ni harán en The Orage Club, donde todas las hamburguesas son originales, pensadas aquí y solo aquí. La Uncle Jack lleva carne de buffalo y salsa barbacoa al Jack Daniel’s, Oh Mama se cocina con ternera gallega, plátano dorado con mantequilla, cecina ahumada a la plancha y queso de cabra fundido, y la Korea Spicy se acompaña con setas shiitake, queso Edam y salsa barbacoa Yaikini que combina el dulce y el picante. Todas tienen carne premium madurada de vaca o ternera gallega, eso, para los carnívoros, porque también hay una buena variedad de vurgers veganas donde cotizan las hamburguesas de proteína vegetal, el fake bacon y el queso vegano. Acompáñalas con las Bravas Orange, caseras (nada de congelados), sazonadas con sal de humo y pimentón de la Vera y acompañadas de la salsa brava Orange, all i oli de ajo blanco y all i oli de ajo negro, dulce e intenso. The Orange Club, siempre atrevido, también innova con las bebidas, en su carta ofrece Srta. Cafeína (Cola) y Sr. Nuez (Cola Zero), Avelina Navelate (Naranja), Cítrico Montoya (Limón), Antonica La Fantástica (Tónica), spritzer de hortalizas con un 40% de zumo de ruibarbo orgánico, cinco tipos diferentes de kombuchas y una buena variedad de cervezas que se salen de lo común: Malquerida (Damm), Duet (de Damm y los hermanos Roca) o Brutus (Mahou-San Miquel).

Jardín de Monforte
Montforte, s/n
Si buscáis un poco de naturaleza y tranquilidad, a un paso de Misser Mascó está el precioso Jardín de Monforte (de entrada gratuita), probablemente, el más bonito de la ciudad. El Barón de Llaurí le vendió este huerto de extramuros al Marqués de San Juan en 1849 y este le encargó al arquitecto valenciano Sebastián Monleón Estellés la construcción del jardín. Los marqueses se lo dejaron en herencia a una de sus sobrinas, casada con Joaquín Monforte Parrés, quien le dio el nombre al conjunto. En 1970 pasó a manos municipales y, tras la rehabilitación del palacete y el trazado artístico neoclásico del jardín, se abrió al público en 1973. ¡Se dice de él que es el último jardín histórico-artístico del siglo XIX que queda en la ciudad de València! Como curiosidad, parece ser que las esculturas de los leones que custodian una de las puertas fueron esculpidas para la escalinata del Congreso de los Diputados, pero quedaron descartadas por pequeñas. Encontrareis esculturas neoclásicas de los amantes Dafnis y Cloe, de la Diosa Flora, de Poseidón y de Sócrates, el palacete construido en 1859, un pequeño estanque y un Ginkgo, una especie de árbol muy antigua que puede llegar a alcanzar los 35 metros de altura. ¡Ah! Y en el muro de mampostería que cierra la propiedad se pueden ver cuernos de cabra incrustados, nadie sabe de dónde vienen ni que hacen ahí.

Bar Mestalla
Misser Mascó, 25
El Bar Mestalla es un templo del fútbol en el que se reverencia al Valencia C.F. Su pasillo central está engalanado con fotografías de algunos de los grandes futbolistas que han hecho vibrar a Mestalla en los más de cien años de historia del club. Como Felipe V en Xàtiva, Pedja Mijàtovic cuelga boca abajo en las paredes del local, no hace falta explicar el odio de la afición valencianista hacia este ídolo que en su día cambio la camiseta blanca de Ford por la Teka del Real Madrid (para ganar la Séptima Copa de Europa). Pero… ¿Mendieta? ¿Por qué está boca abajo Mendieta? Jesús Alfaro nos lo cuenta: es un desagradecido. Se ha atrevido a decir que el Valencia fue uno más de los clubes en los que ha jugado. Además, se le invitó para los actos de celebración del centenario y no quiso venir. ¿Y Soldado? ¿Por qué está boca abajo Soldado? Afirmó que no creía en el proyecto ni en los compañeros. Albelda es otro de los que estuvo castigado en las paredes del Bar Mestalla, pero lo han acabado indultando. En este salón de la fama aparecen Ricardo Arias (con el que Jesús jugó en el club Benimar), Pablo Aimar, Roberto Ayala, Kily González y el gran Mario Kempes junto a Johan Cruyff en una imagen que es pura historia del fútbol. Algunas de las fotos están firmadas y las firmas se parecen más de lo deseable, lo que le hace sospechar a Jesús que detrás está la mano de Españeta, el histórico utillero del Valencia C.F. Jesús acaba de traspasar el bar después de 38 años a los mandos, pero va a seguir echando una mano porque, pese al estrés que genera un bar, su vida social se cuece entre estas cuatro paredes y le va bien mantener la cabeza ocupada. Los nuevos dueños pretenden seguir con la misma filosofía conscientes de que, cuando algo funciona, no hay por qué tocarlo. Esta filosofía dice que es mejor vender mil cafés a un euro que quinientos a 1’5€, pero también dice que hay que volver a abrir por las noches y los fines de semana, que no solo del funcionariado vive el hombre. Hasta ahora, la gran baza del Bar Mestalla eran sus almuerzos a 5€ a base de bocadillos de cualquier condumio desplegado en la barra, y el menú de mediodía a diez euros enfocado al trabajador, con primero, segundo, bebida, postre y café (también carajillo). La paella y la ensalada son fijas, luego se alternan la carrillada, el pollo al horno, las albóndigas, el emperador, la merluza, el cazón, el arroz al horno, las lentejas, las judías salteadas, los macarrones… todo casero y preparado en una cocina abierta frente al tranquilo patio interior rodeado de plantas que esconde el local.

Atelier de la flor
Misser Mascó, 34
No se nos ocurre mejor día que el trece de febrero para visitar el Atelier de la flor, un día antes de San Valentín. La actividad, como os podéis imaginar, es frenética, y aún así sacan unos minutos para atendernos con el olor embriagador de las flores flotando en el ambiente. Todo está lleno de flores, frescas y lustrosas porque han sido cortadas uno o dos días antes. Esto es posible porque tienen mucho volumen de trabajo y las flores se venden a un ritmo impresionante. Preparan flores para decorar la fachada de algún que otro hotel de la ciudad, centros, canastillos y ramos para eventos, por encargo, y para venderte a ti, feliz transeúnte que no puede resistirse a entrar para nadar entre nardos, narcisos, tulipanes, ranúnculos, lilas, anthurium, retama, mimosas, flores de cera y rosas de pitiminí. El atelier destaca por la gran variedad de flores (naturales y secas), que trabajan de manera natural y buscando un estilo desestructurado. Si preparas una boda, celebras un aniversario, quieres mandarle a alguien especial una sorpresa bonita o, simplemente, te gustaría llenar de color un jarrón de casa, tú tienda está en Misser Mascó.

Stendal
Misser Mascó, 24
“Estoy mirando qué te ha llegado de collares… ¿vas a recibir más?” Con la confianza de quien acostumbra a venir a curiosear y probarse preguntan las clientas que entran a Stendal, que toma prestado su nombre (sin h) de ese síndrome que cataloga la emoción que una siente cuando se ve expuesto a la belleza. Ese sería el ideal (además de vender, por supuesto), emocionar con su joyería antigua de inspiración clásica y con sus broches de diseño italiano inspirados en los años sesenta. Paola tenía una tienda de antigüedades en Cirilo Amorós y ahora selecciona personalmente la ropa, los complementos (gafas de sol, pañuelos…) y la bisutería que le vende a las mismas clientas de entonces. Misser Mascó llama la atención por sus muchas tiendas pese a ser una calle situada fuera del radio comercial, al otro lado del Túria, y es, en gran medida, gracias a Paola, quien puso la segunda piedra abriendo Stendal en el número 24.

Pochola
Misser Mascó, 34
La primera piedra la puso Pochola, una tienda para señoras que buscan la elegancia y el asesoramiento familiar. Por el norte de la península, algo “pocholo” es algo bonito. Su femenino bautiza esta tienda que todo el mundo conoce porque lleva más de 19 años en el barrio jactándose de no vender dos piezas iguales.

Chic Valencia
Misser Mascó, 26
Chic Valencia es un poco de todo. Aquí te reforman la casa, te la decoran, te restauran un mueble o te lo hacen a medida y te venden velas, lámparas, obra gráfica y ropa casual. Cuando nosotras llegamos, una clienta, Carmen, enseñaba en el móvil fotos de su familia, lo que nos dice que este es un negocio muy familiar con clientas de largo recorrido. Chic Valencia es una tienda de decoración y moda que le rinde pleitesía al mueble con esencia hecho en España que puede mirar por encima del hombro al de Ikea. Encontraréis también velas hechas en Albaida, sofás fabricados en Sueca, ropa multimarca española de Mus&Bombon o Surkana, también la alemana Street One o la danesa Ichi. Prendas casual cómodas y elegantes (sin pasarse) con fibras y colores naturales que no necesitan plancha, ese sería el resumen de la colección de ropa, pero hay más: joyas La Mar (Argentina) y Shiori (Andorra), máscaras indígenas de Panamá, una escultura hecha con dinteles de La India…

Dulces Pérez
Misser Mascó, 30
Los Pérez llevan tres generaciones elaborando productos de pastelería, confitería y bombonería al más alto nivel. La nata es la reina y los bombones hechos con un 70-80% de chocolate los príncipes. De su obrador en Rafelbunyol llegan bombones de trufa y de cremaet, turrones y panetones (para la campaña de Navidad), pastas de mantequilla, tarros de chocolate blanco y limón, bollería, pan, chocolates de tableta, mermeladas, empanadillas, lionesas, ensaimadas de crema, mousses de limón, pasteles de Oreo, castañas heladas de nata y trufa, y tartas de trufa, de la abuela, capuchina… ¡Y las Bombas! Bizcocho de almendra con yema confitada caramelizada, nata montada azucarada con nueces nacionales y trufa de chocolate 64% cacao con virutas de chocolate por encima, toda una obra de arte. En Dulces Pérez te atenderá la simpatiquísima Virginia, que después de haber trabajado en muchos hornos de la ciudad, nos confiesa: “calidad como la de aquí, no hay”.

Falla Exposició-Misser Mascó
Naturalista Arévalo Baca, s/n
La falla Exposició-Misser Mascó venía de ganar en 2023, por primera vez, el primer premio de la Sección Especial con el artista fallero David Sánchez Llongo. En 2024 repetían artista pero se quedaron con el sabor amargo del segundo puesto; la gloria, es bien sabido, fue para l’Antiga de Campanar. Aspiraban a más porque la falla tenía el segundo presupuesto más alto de toda la Sección Especial, 182.000 euros frente a los 245.000 de Convent Jerusalem, the queen of cash. Todo esto para deciros que la de esta calle es una falla rica y reconocida dentro de la ciudad, y que su monumento siempre merece una visita en marzo si eres amante de las fiestas locales.

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Morvedre

El museo de Conchita Piquer, un supermercado que es una cooperativa, un mercado que forma parte de un proyecto precioso, la gran discoteca LGTBIQ+ de la ciudad…

Puerto Rico

Un templo vegano, un taller de serigrafía, un restaurante marroquí, una mercería que también es tienda de ropa vintage y una freak shop con nombre de bruja.

La Punta

Una pedanía de València que esconde un bar y un restaurante con más de cincuenta años de historia, una tienda donde se vende todo lo necesario para trabajar el campo, una falla experimental, una preciosa parroquia y mucha huerta.

Nazaret

El mural de Paco Roca, dos bares míticos donde comer de maravilla, dos hornos donde queremos probarlo todo y un skate park para disfrutar entre rampas.

Alzira

El George Best, el Cracovia y la Sala Ultramar son tres de los puntos neurálgicos de esta calle Alzira que discurre curiosa por el barrio de Arrancapins.

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