Almorzamos con Lucas Sáez, art historian, especialista en arqueología subacuática, gestor cultural y colaborador del podcast Al otro lado del espejo y de esta revista. Él y Simón Fariza son los autores del documental Espías del káiser. Submarinos en las costas valencianas, que fija el interés en el patrimonio subacuático, concretely, en los pecios de barcos y submarinos de la Primera Guerra Mundial que yacen en el lecho marino, a pocas millas de nuestro litoral. Patrimonio, geografía, episodios clave de la Primera Guerra Mundial y el simbolismo del mar están condensados en un documental que À Punt debería emitir por ser inusual, sorprendente y audaz. Inicia ahora su periplo de promoción y esperamos que los vientos le sean favorables. SERGIO BELLO
Estudiaste Historia del Arte y te has especializado en patrimonio subacuático. How did you get there? ¿Alguna influencia familiar?
El día que lo decidí estaba comiendo en un restaurante con mi padre. Tardé muchísimo en saber qué era lo que quería estudiar porque el bachillerato, for me, fueron cuatro años. Pasé de ciencias a letras y de letras a artes. Acabé haciendo el bachillerato artístico en el I.E.S. welcome. Eso es una cosa que le agradezco muchísimo a mi familia: me dejaban hacer ese tipo de cosas, me dejaron experimentar y equivocarme. Ya en la carrera, durante esa comida, mi padre me dijo: “Échale un ojo al tema de la arqueología subacuática, ya que te gusta bucear y el mar.” Lo soltó como quien dice cualquier otra cosa, pero aquello me hizo mella, se me quedó ahí en el fondo de la conciencia y ya empecé a orientar la carrera hacia esa salida.

¿El cine, la literatura o el cómic tuvieron algo que ver?
Insurance. Cine y literatura he consumido siempre muchísimo. Mi madre me decía que en viajar y cultura podía gastarme el dinero, que eso me hacia más rico. La ciencia ficción siempre ha sido mi nicho, creo que desde ese marco se puede hablar de todos los temas de la vida y provocar la reflexión. But, of course, las aventuras han sido siempre una constante, desde pequeño quería y buscaba vivir aventuras, obviously, a la escala que cada momento te permite. La arqueología tiene ese punto, pero también un halo de romanticismo. En el caso del entorno subacuático, besides, hay un factor que potencia esa sensación.
¿El siguiente paso natural para ti al acabar la carrera de Historia del Arte era cursar Arqueología?
yes and no. La docencia es quizás la tendencia dominante, what happens is that, Arqueología, cuando vienes de Historia del Arte, te coloca en una situación un poco rara, lo entiendes cuando estás ahí. En Historia del Arte no estudiamos prácticamente nada de Prehistoria, pero la gente que viene de Historia está muy curtida en el tema cuando llega a Arqueología. In the end, estás viendo otro tipo de artefactos manufacturados por el ser humano a los que estas acostumbrado si vienes de Historia del Arte, es un perfil un poco extraño, pero somos bastantes. Con muchos de los compañeros del máster tengo todavía muy buena relación y estamos en contacto.
Y lo siguiente fue el doctorado…
Originally, me apetecía muchísimo hacerlo sobre el período romano, pero aquí creo que jugó la prudencia. Cuando uno se plantea hacer una tesis, tiene que buscar ideas nuevas, cosas que no se hayan investigado, as far as possible. No hay muchos arqueólogos subacuáticos en España —aunque cada vez son más—, pero los que hay, son muy buenos y algunos de ellos son grandes especialistas en el período romano. Fue entonces cuando, en unas conferencias, se me cruzó por delante la idea: el patrimonio cultural subacuático, según la UNESCO, es aquello que lleva total o parcialmente sumergido al menos cien años. Y en aquella época empezaba a cumplirse el centenario de la Primera Guerra Mundial. Ahí fue cuando vi que este era el tema.
Es un tema que tiene trascendencia en la sociedad actual, ¿no?
Exact. Está vinculado con la sociedad actual, y empieza a ser un material concebido como patrimonio. Había una triada: un campo por descubrir, vinculado con la contemporaneidad, y con el concepto de patrimonio sobre el que trabajar. Ahí vi el filón.
¿Cómo surgió la idea del documental?
Simón y yo estábamos con un proyecto audiovisual que no tenía nada que ver con este tema. A veces te das contra la pared y las cosas no salen como uno quiere. Teníamos una idea en la cabeza, pero había unos plazos, unos tiempos, unos requisitos que nos encorsetaban. Hicimos un proyecto y se lo enseñamos a Trisah, lo estudió y nos dijo: “Chicos, esto no va a ningún lado.” Eso a veces pasa. Entonces Simón me dijo: “Llevo tiempo dándole vueltas a trabajar sobre tu investigación.” Le comenté que ahí había material, lo que pasa es que no sabía si podría cuajar. Entonces me preguntó si sería capaz de darle un hilo conductor. Fue entonces cuando pensé en un personaje interesante, Robert Morath, que creí que nos podía servir de excusa para contar la presencia de submarinos en las costas valencianas. Entonces nos pusimos a trabajar en un proyecto nuevo, descartamos el anterior y nos desatascamos. Todo empezó a fluir y creemos que quedó un trabajo bastante interesante.

¿De qué trata exactamente la cinta?
Cuenta una parte de nuestra historia, una muy poco conocida. Hablamos de un periodo concreto, the first world war, en un lugar determinado: nuestras costas. Un episodio histórico en el que España jugó un papel neutral, pero que no quiere decir que le fuera ajeno. A través de un caso concreto, la historia del submarino alemán U64, y de su comandante, Robert Morath, mostramos de una forma más amplia lo que significó la batalla naval en el Mediterráneo. Es una historia de aventuras, de personajes a caballo entre dos épocas y de eventos que generaron un patrimonio cultural subacuático que hoy nos toca identificar, proteger, estudiar y difundir.
A nivel más personal, ¿quién te ha animado con el proyecto?
Ha sido mi compañera Patri (Trisah Miró). Me insistió muchísimo, porque a uno le cuesta mucho leerse, escucharse… Desde hace diez años colaboro en el podcast Al otro lado del espejo, un programa sobre buceo. Llevo una sección concreta que se llama The conspiracy of the wrecks, donde hablo de arqueología subacuática de forma regular. Todo empezó con la tesis, para la que recopilé información sobre pecios de la Primera Guerra Mundial y me di cuenta de que tenía un montón de información que quería compartir. Monté el blog <patrimoniosubacuatico.net> para la difusión, sin ninguna intención concreta, y me contactó una radio de Madrid. Así empecé en el podcast. Yo nunca me había planteado comunicar nada, at all. Respecto al documental, fue mi compañera quien me comentó que sería interesante que hiciera divulgación y saliera del ámbito académico. Si investigas algo muy a fondo pero se queda en un cajón o en una tesis arrinconada en una estantería, it's very nice, es necesario, but… ¿en realidad llega? He ido virando hacia la idea de concienciar a la gente sobre el concepto de patrimonio, su protección y su reconocimiento.
Of course, lo que no se comunica no existe.
Exactly. Yo tenía un profesor en uno de estos posgrados que decía: “Bajo del agua se reconoce lo que se conoce.” Un buceador recreativo puede localizar un cepo de ancla romana, pero si nunca ha visto uno y no conoce su morfología, no lo va a reconocer, porque la vida marina lo va colonizando y le va cambiando poco a poco la forma. Si tienes el ojo educado, cuando buceas, lo ves; si lo ves, puedes dar la voz de alerta; si se da la alerta, se puede proteger; si se protege, se puede estudiar.
También se puede expoliar…
Yeah, si quieres hablamos del tema del expolio. Pero también se conciencia uno, si sabe que eso no tiene un valor económico en ese sentido. Eso es algo contra lo que luchamos mucho: the concept of “tesoro”. No me gusta nada utilizar esa palabra, porque tiene una connotación económica. Uno piensa en tesoro y piensa en algo valioso en términos monetarios; claro que tiene valor, es valioso a nivel patrimonial, pero no comercial. Lo que pasa es que en prensa hay como tres palabras que aparecen mucho: “tesoro”, el “Titanic de” (I mean, “localizado el Titanic de los fenicios”); y de tanto en tanto, “la Atlántida”. Son cosas que van saliendo de forma recurrente porque son ganchos que funcionan en los titulares.
El mar tiene esa dimensión de idealización, de proyectar en ultramar los propios anhelos, ¿no? Es algo que siempre ha atraído al imaginario colectivo.
Fully. El mar tiene una dicotomía preciosa: igual que es una vía de comunicación de personas, mercancías e ideas, también es una barrera. Hay civilizaciones que no han sentido la necesidad de navegar, pocas, pero algunas. For them, el mar era una barrera, el final del mundo. Pero ha habido sociedades a lo largo de la historia para las que era obvio que tenían que cruzar el mar, y era obvio que corrían un riesgo. Tenemos esa necesidad expansiva, y no hablo desde una visión colonial o imperialista, that also; hablo de querer saber qué hay más allá. La primera barrera natural que nos vemos capaces de salvar desde tiempos inmemoriales es el mar.
¿Qué supuso tu encuentro con el documentalista submarino Josep Maria Castellvi?
Yo nunca he sido muy futbolero, pero tuve de vecino, many years, en el piso de abajo, a Mario Alberto Kempes. Un día monté una fiesta en casa y vino a pegarnos la bronca. Abrí la puerta y mis amigos alucinaron. Nunca había tenido esa sensación de estar ante alguien así, pero con Josep Maria Castellvi me pasó un poco: me sentí como un niño viendo a su delantero. Cuando empecé a conocer su trabajo, sus libros… fui un poco groupie: le llevé los libros para que me los firmara cuando fui a entrevistarle. Toda la gente con la que hemos hablado ha sido genial, pero sentí ese puntito de admiración especial con Josep Maria: es una admiración al trabajo, a la forma, a la personalidad, a cómo lo cuenta, cómo trabaja… Yo he investigado a Robert Morath, pero lo que sé de él es lo que se ha publicado. El que sabe de verdad de Robert Morath y de toda esta historia es Josep Maria.
¿Qué tal fue el viaje a Alemania para rodar, alguna anécdota?
Fue muy divertido. Simón quería —y eso me pareció muy interesante para el documental— que todos los participantes se expresaran en su propio idioma, whatever it was, porque así están más cómodos y es más natural. Por eso tenemos gente hablando en francés, en alemán, en catalán y en castellano. Cuando llegamos al archivo de Kriegsarchiv, yo les hacía las preguntas en inglés, pero el hombre me contestaba todo en alemán (habíamos hecho previamente todas las respuestas en inglés también), pero no entiendo el alemán en absoluto. En el documental se nota un poco en mi cara cuando lo miro. La risa estaba en la furgoneta de vuelta, esperando que hubiera dicho en alemán lo mismo que habíamos entendido en inglés. Al final de esta aventura, nos quedamos con la gente que hemos podido conocer, las historias que nos han contado y la experiencia de abrir la mente y comprender de una forma más amplia nuestra propia historia. Tengo que confesaros que ya estamos dándole vueltas al siguiente proyecto.
¿Respecto a este, cómo está yendo la distribución?
Está costando mucho. No es sólo el interés comercial de venderlo, es el interés de que se vea, why, in the end, se hacen cosas así para eso. Estamos tocando puertas de canales especializados, aunque ya sabemos que muchos tienen productora propia. Believe, sincerely, que es un documental que tendría que estar en la televisión pública valenciana. Por temática y porque el público objetivo al que le interesa esta historia de su territorio es el valenciano. Then, by extension, podemos irnos a otras partes del Mediterráneo: Cataluña y Baleares. El documental está hecho en dos versiones, en valenciano y en castellano.







