«El objetivo que me planteo con el libro es hacer divulgación sanitaria utilizando el humor como recurso fundamental»

Esta semana nuestro entrevistado es el médico, amante del teatro y escritor Fernando Fabiani (Sevilla, 1975). La pasión de Fabiani desde joven por el teatro le llevó hasta la escuela de teatro de los Padres Blancos. Más tarde fundaría la compañía EdeTeatro con José Luis Losa. Asimismo, es director de Síndrome Clown, con la que ganó el Premio del Público al Mejor Espectáculo del FeSt con la obra Mejor… es posible. Tras el éxito editorial de su libro Vengo sin cita (Aguilar), hace algo más de un año, regresa con Vengo de Urgencias (Aguilar), por la que le preguntamos. GINÉS J. VERA.

En su libro hay continuos guiños a marcas y personajes televisivos, algunos para quienes tienen más de treinta años, pues leemos acerca del señor Barragán, el Winston del águila, Kennedy, Karpov vs. Kasparov, o La vuelta al mundo de Willy Fog… ¿Los que frisamos los cuarenta seguro que esbozamos más de una sonrisa?, en realidad muchas porque las comparativas son muy ocurrentes y divertidas.
Es inevitable hacer estos guiños. No olvidemos que Teo, el protagonista, tiene 42 años y no puede evitar establecer comparaciones con estos personajes de su época. Por otra parte, aunque intenté ayudar a Teo a buscar ejemplos más actuales, esos no me parecían tan esclarecedores. Debe ser porque compartimos generación…

«Tener que estar atendiendo ‘falsas urgencias’, a menudo, retrasa la atención de las urgencias reales», leemos, lo cual imagino que también es una de las razones que le ha llevado a escribir este libro: divulgar y concienciar de una realidad que nos afecta a todos, aunque sea en clave de humor.
Efectivamente. Si tuviera que definir en una frase el objetivo que me planteo con el libro es hacer divulgación sanitaria utilizando el humor como recurso fundamental. Entre los múltiples mensajes que encierran esas páginas está sin duda la necesidad de usar con solidaridad los servicios de urgencias: si los usamos de modo inadecuado abusando de ellos, perjudicamos a los que realmente lo necesitan.

No es necesario poner a todos los pacientes con una buena moña (intoxicación etílica) en urgencias una inyección de vitamina B. Algo curioso. Creo que es otro de esos tópicos a romper como el del hierro a las embarazadas o el dar azúcar a quien vemos desmayado… ¿Voy bien encaminado?
Si hay algo que me gusta especialmente es derribar mitos o creencias erróneas en salud que llevan a los pacientes a actuar de forma inadecuada o a tener un miedo injustificado. Por eso, tanto en el libro como en los vídeos que difundo en redes sociales (“No he podido evitarlo…”) abundan ese tipo de mensajes: Los catarros no se bajan al pecho, los “principios de” no existen, el omeprazol no es un protector de estómago, no hay que beber 2 litros de agua al día…

Preguntarle por ese guiño ¿? de su protagonista, Teo, al pueblo (real) donde veranea en la provincia de Soria. Creo que va a aumentar el número de visitas turísticas este verano… y el de las consultas ambulatorias (aquí te pillo, aquí te mato) si ven a Teo por allí.
Es un regalo tener la oportunidad de citar a Barahona, ese pequeño (pero muy grande) pueblo soriano que me acoge cada año y me hace sentir como en casa. Si aumentan las visitas… ¡allí nos veremos!. Ya aviso que, en el mes de agosto, ¡estamos en fiestas!.

Para terminar, háblenos de los dos interesantes anexos que ha incluido, lógicamente, al final del libro.
Uno de ellos me pareció imprescindible. La gente vive (erróneamente) enganchada al tensiómetro y, como explico, no hay que tener tanta tensión con la tensión. Si de cualquier forma, en alguna ocasión debemos medirla, no está de más que nos expliquen cómo debe hacerse de forma correcta y paso a paso. Eso sí, contando con humor. El segundo anexo pone el dedo en la llaga en un error habitual en los informes médicos. Se habla mucho de los problemas de nuestra “mala letra”, pero eso se arregla usando el ordenador. Lo que no se arregla tan fácilmente es el abusivo uso de siglas y abreviaturas con las que llenamos esos informes y que hace casi imposible entenderlos. Ahí os dejo una pequeña piedra de Rosetta para descifrarlos…

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