37 Mostra de València (sesion 2). Moja Vesna & Concern Citizen

LA MOSTRA DE VALÈNCIA, AL DÍA

Moja Vesna:
Sábado 22/10. Babel Sala 4. 16h.

Concerned citizen:
Sábado 22. Babel Sala 4. 18.30h. Con la presencia del director, Idan Haguel
Lunes 24. Babel Sala 4. 16h.

Segunda sesión de proyecciones de la Sección Oficial a concurso de la Mostra de Valencia. La jornada arrancaba con la película de doble nacionalidad, eslovena y australiana, Moja Vesna, de la directora Sara Kern.

Basada en la propia experiencia migratoria de la directora, la cinta nos presenta la historia de una familia de padres inmigrantes eslovenos en Australia con dos hijas ya adaptadas a la nueva realidad social y cultural del nuevo país (al revés que sus hijas, el padre apenas sabe hablar inglés, mientras que aquellas se desenvuelven como cualquier otro lugareño). En el momento en el que arranca la cinta, la familia acaba de sufrir la pérdida de la madre. Este suceso afecta emocionalmente a todos los personajes. El padre es un hombre opaco y taciturno. La hija mayor, una adolescente embrazada, escribe poemas en una libreta como medio de expresión de su ansia por huir del inevitable futuro que le espera (ser, ella misma, madre). Mientras, Sara, la hija pequeña, trata de mantener el control y el equilibrio entre los desvaríos de su hermana y tratar de que su padre salga a flote. Ante esta situación, los pequeños roces y encontronazos provocados por la tristeza a la que aboca a los personajes la ausencia de la figura materna y la carga emocional provocada por la pérdida, no solo física, de horizontes que todo ello implica, salpicarán una difícil convivencia entre los tres.

©Sweetshop Green and Cvinger Film

Rodada en un formato cuadrado, quizá lo más destacado de esta película es cómo Sara Kern consigue crear ambientes emocionales. No es tanto lo que les sucede a los personajes como esa bruma de pesadumbre psicológica que parece envolverlo todo, lo que nos va dando pistas de lo que cuenta su película. Resulta muy relevante, en ese sentido, el empleo de la luz en la mayoría de las secuencias. En interiores, predominan los fuertes claroscuros, en la noche, o las luces matizadas a través de las ventanas de la casa, durante el día. En el exterior, percibiremos que esta ciudad en la que se nos sitúa casi siempre está nublada. El mobiliario, las ropas, la ausencia de lujos, completan el cuadro. Paisaje exterior como imagen del paisaje interior de los personajes.

Hay en Moja Vesna algunas cuestiones que parecen trascendentes. Encontramos, así, el tema del peso de la inmigración y las dificultades de adaptación a un nuevo medio. Y aquí se da una curiosa paradoja, y es que, mientras el padre, restando el problema de la pérdida de su mujer, parece mejor adaptado o es menos exigente con el nuevo entorno, su hija mayor, mejor establecida, como decíamos, en el plano cultural, parece sumida en un estado de constante insatisfacción y vacío existencial que no sabe cómo suplir. Un vacío que le viene de la propia cultura con la que se ha mimetizado, lo que implica una crítica velada a una cierta modernidad. Frente a la estructura de la familia, el hedonismo autocomplaciente. En este sentido, resulta también relevante la relación que tiene Sara con una niña a cuya casa acude para pedirle algo de ropa ya usada para el bebé que está por llegar. Sara, que no tiene nada o casi nada, se siente agradecida por cualquier cosa que pueda conseguir para su hermana. Su amiga, sin embargo, lo tiene todo. Un todo que trata con desdén o de forma caprichosa, una falta de valores que apela a un vacío igualmente emocional que se irá desarrollando a lo largo del metraje. La amistad entre ambas niñas, así como la relación con una nueva madre, hará que ambas encuentren su camino en la reformulación de una nueva posible familia, de unos nuevos lazos sentimentales más sólidos para todos. Al final, encontramos en unos y otros un grupo de almas que se buscan para llenar ese hueco que tienen en su interior.

©Sweetshop Green and Cvinger Film

Esta podría ser, al menos, una de las explicaciones de esta película. Pero podría haber muchas más, no tanto porque estemos ante una narración abierta a la interpretación, como por el hecho de que la realizadora australiana no logra centrar el objeto de su trabajo. Tenemos a una chica embarazada que, obviamente, no quiere tener el hijo. Tenemos a un padre que, ante la soledad de la pérdida de su mujer, se recluye de los demás. Tenemos una niña pequeña, Sara, que, quizá para compensar la desaparición de su madre, decide ocupar su lugar en la familia. Es solo que, a la vez, tenemos también la impresión de que la película no logra engarzar todos estos elementos en una misma vía común, quedando como pinceladas de historias, apuntes de aquello que pudo haber sido y cuyo valor último se nos escapa. Sabemos que hay un drama, o varios dramas, pero no sabemos en qué nos implican. Podemos lamentar la pérdida de una madre y el efecto que causa en una familia concreta, pero más allá de un cierto respeto, no nos concierne como espectadores. Conocemos la entrada a este mundo, pero no encontramos nuestra puerta de salida, a dónde nos quiere llevar.

©Guy Sahaf

La película israerlí Concerned citizen completa el dúo de pases de la sección oficial de nuestra segunda jornada de festival. Idan Hagel, director, guionista y productor de la cinta nos introduce en el mundo de Ben y Raz, una pareja de clase media alta gay que se ha instalado en un bonito apartamento en la periferia marginal de la ciudad de Tel Aviv. Desde un cierto punto de vista, la pareja se siente comprometida con ciertos valores políticos de tolerancia en la diversidad cultural, de ahí que hayan escogido esa zona para vivir, mayoritariamente inmigrante y de clase baja. Sin embargo, pronto surgirán los problemas. Ben hace una llamada a la policía para denunciar que unos jóvenes de raza negra están apoyándose en un pequeño árbol que él mismo ha plantado en la acera de su calle. La intervención de la policía acaba en brutalidad física y, según parece, con la muerte de uno de esos jóvenes. Ben tendrá que cargar en su conciencia con este hecho. El problema es que, de todo ello, surge su verdadera identidad. Una identidad que, contra su propio discurso, muestra su desprecio por las minorías raciales y de clase, y un compromiso político que no es más que mezquino esnobismo estético.

Si bien Concerned citizen no nos propone grandes descubrimientos formales, no cabe por menos que reconocerle el valor de su director a la hora de poner bajo la lupa la falsa conciencia política que domina en las clases altas supuestamente progresistas de su país (y ampliaría yo al resto de occidente). Un salto al vacío que, en estos tiempos de corrección política y cancelación de la disidencia ideológica, implicaba muchos problemas, como comentaba en sesión con la prensa tras la primera proyección de la película. A pesar de todo, la acogida en los distintos pases que se han producido en diversos festivales de todo el mundo (la película venía de la sección Panorama de Berlín), parecía contradecir una reacción, a priori, menos favorable en un mundo en el que contradecir ciertos consensos, es ya una operación de arriesgada.

“Creo que la reacción ha sido diferente en las audiencias, si era en Berlín o Italia o, aquí”, explicaba Idan Hagel. “En Israel la reacción ha sido diferente, primero porque se habla en hebreo y la película habla sobre un tipo de situaciones y valores que son muy específicos de Israel. Creo que en Israel han visto esto como una sátira y sienten que la película refleja sus propios valores con humor. La película ha permitido que resuene un debate sobre estos valores propios. Estoy un poco sorprendido porque pensé que la película provocaría una reacción más enojada, pero no ha sido así. Creo que la gente ha disfrutado la crítica de la película, que la película trata cuestiones que sienten dentro de ellos, pero sobre las que no tienen permitido hablar. En Europa, creo que la respuesta ha enfatizado más sobre cuestiones como subrogación, sobre la gentrificación, mientras que en Israel la cuestión es sobre el racismo”, explicaba.

Las pistas sobre las que nos pone Concerned citizen son bien claras. A preguntas de la prensa, Hagel respondía los siguiente: “El hecho de que el principal personaje sea gay liberal [entiéndase, aquí, progresista] le hace sentirse de una tribu o de un grupo político. A veces, cuando formamos parte de un grupo político no acabamos de comprender por completo cómo nos deberíamos sentir o qué deberíamos opinar en ciertas ocasiones, y el protagonista llega un punto en el que tiene que determinar cómo se siente o qué opina ante esta situación. Hay como un tercer ojo del liberalismo ante el cual se ve a sí mismo. No le gusta lo que ve, pero la persona sigue siendo él. Este es el conflicto que existe entre quienes creemos que somos y cómo reaccionamos. En mi caso, no creo que sea tanto una crítica, como el retrato de una reflexión sobre lo que es la realidad. Ahí hay un elemento tragicómico.”

©Guy Sahaf

Quiera o no quiera su autor, la crítica queda expuesta en su relato. Ben y Raz han decidido tener un hijo por el método de la gestación subrogada. Será a partir de aquí cuando empiecen a cuestionarse sus decisiones. ¿Realmente quieren que su hijo crezca en un ambiente tan conflictivo? “Hay otra cosa que me fascina y es el fenómeno de ser gay en Israel. Se parte de la base de que siendo gay uno es liberal. Pero en Israel, quizá en otras partes sea de otra manera, no es tanto así. Por ejemplo, observo que hay un cambio en la comunidad gay. En algunos casos, puede ser muy de derechas, desconociendo sus orígenes, su historia, desconociendo las luchas que ha habido por la igualdad en esta comunidad. Y creo que esto es algo de lo que hablo en cierta manera en el film”, explicaba Hagel. “Estas raras mutaciones existen en el colectivo gay en Israel porque es una sociedad con unos valores familiares muy arraigados. La comunidad gay busca una normalización a través de un itinerario familiar. Esta lucha de la familia es lo que ha provocado estos cambios entre la comunidad.”

Pero si de algo puede jactarse Concerned citizen es de haber logrado un alto novel de veracidad sobre lo que nos cuenta. En ello interviene un guion conforme al canon, pero meticuloso y preciso, y la elección de unos actores que, de algún modo, ya se corresponden con los prototipos que quiere retratar. “Por un lado me influyeron mucho películas como Quién teme a Virginia Woolf o Eyes Wide Shut, donde se trabaja con parejas reales y se confiere esta sensación de privacidad, de intimidad entre las parejas”, explicaba el director a propósito de su elección de Shlomi Bertonov y Ariel Wolf, actores y pareja en la vida, para representar a sus personajes protagonistas. “El segundo motivo es porque soy un poco vago y quería una pareja de actores que aportara esta dosis de realidad a mi trabajo y yo ahorrarme este trabajo de conferir realismo a lo que estábamos haciendo. No quería que invertir mi tiempo en explicar lo que era la intimidad, la privacidad y por eso quería que ya fueran pareja, quería que fuera algo que ya estuviera listo para comer, que fuera la base sobre la que trabajaríamos en la historia y en el conflicto. No quería dar lecciones de intimidad a nadie, quería que fuera algo que se sintiera como realista”. Pues dicho y hecho. G.LEÓN

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