Solo hay que ver a Gretel Stuyck y a Rafael Cruz para entender el proyecto que emprenden. Los dos desbordan simpatía, energía y, cómo no, mucho arte. Ella: bailarina, actriz, profesora. Él: actor, director, productor. La sala, esa joyita en el centro de la ciudad que antes llamábamos Teatro Gran cielo y, más tarde, Ultramar, recupera el aliento y respira ahora con fuerza, convertida en un laboratorio de creación, un lugar de mestizaje cultural, un teatro que se sustenta en la escuela. Opciones de clases de danza y teatro para niños y adultos con o sin diversidad funcional y una programación para toda la familia convierten esta sala en un espacio de inclusión, de todos y para todos. GLORIA POZUELO

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