Rosario de Velasco

HASTA EL DOMINGO 16/2
M. BB.AA. Sant Pius V, 9

Rosario de Velasco fue una de las grandes artistas españolas de la primera mitad del siglo veinte. Compañera de generación de otra gran olvidada, Maruja Mallo, también merece ser puesta en valor, y en eso están el Museo de Bellas Artes de València y el madrileño Thyssen-Bornemisza, que montan esta exposición centrada en sus ilustraciones y en sus pinturas de los años 20-40. Ambas, Mallo y Velasco, pertenecen a la efervescente generación del 27, esa Edad de Plata de la cultura española tan estudiada cuando de hombres se trata. “Ha sido algo que he buscado toda mi vida: no hacer pintura de mujer. Si no que pudiera confundirse con la de los pintores por ser verdadero arte”. Son palabras de una Velasco decidida a evitar que su obra quedara relegada a “arte de mujeres”. Una de las vías que encontró fue trabajar formatos muchos más grandes de los que acostumbraban a manejar las mujeres de su época, pequeños, delicados, “femeninos”. Admiradora de grandes maestros de la pintura como Velázquez o Durero, colocó su obra a la vanguardia artística y consiguió el hito de hacerse con la segunda medalla en la exposición de Bellas Artes de 1932. Pero la guerra civil truncó sus aspiraciones, el techo de cristal se convirtió en hormigón armado.

Durante la década de los años treinta se produjo una renovación de la pintura figurativa española, influenciada por los movimientos modernos europeos. Movidos por la nueva objetividad alemana y el novecentismo italiano, los españoles revisitaron el clasicismo y se pusieron a buscar una representación realista del mundo. Velasco tenía una formación clásica y se benefició de este regreso al orden que volvía a mirar a la tradición. Siendo clásica desde la modernidad, consiguió notoriedad pública y el reconocimiento de la crítica, de ahí que su obra se convirtiera en un reclamo del arte español. Esta muestra que ahora llega a València después de pasar por Madrid ha localizado obra de la artista que estaba perdida en colecciones particulares o de la que, directamente, no se tenía ni constancia. Por ejemplo, Gitanos o Maternidad. Junto a ellas cuelgan pinturas conservadas en grandes museos, como su famoso Adán y Eva (1932) del Reina Sofía o Carnaval (anterior a 1936) del Pompidou, y obras guardadas en la familia de la artista, por ejemplo, La bandera. Y es que, una de las comisarias de la muestra, Toya Viudes de Velasco, es sobrina nieta de la artista, y ha alucinado al descubrir cuanto más que “la tía Rosario” era esta mujer. AU

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