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«Mucha parte de la cultura musical de la España del sur es heredera de la música persa»

Mencionar el nombre de Javier Tolentino es invocar la memoria de tantas décadas de uno de los programas de cine más reconocibles de la radio: El séptimo vicio. Esto puede ser tanto una ventaja, por el reconocimiento que supone de antemano, como una desventaja si pensamos que nos encontramos en un mundo donde, cuando uno se sale un poco de lo que hace habitualmente, parece que tiene que redoblar sus esfuerzos para ganarse cierta credibilidad. Así que, sí, Tolentino, además de hacer periodismo, ahora hace cine. Y su primera película se llama Un blues para Teherán.

“¿Y de qué va esto?”, sería la primera pregunta que podríamos hacernos nada más conocer la noticia. Pero dar una respuesta no es tarea fácil. Es un documental, eso para empezar. En sus imágenes hay un joven, Erfan Shafei, que nos sirve de acompañante por el Irán contemporáneo. Junto a él, hay un grupo de músicos de diversas edades y orígenes, callejeros, profesionales, aficionados; hay, además, un paisaje que cambia de forma y color según nos desplacemos de la gran urbe hacia el mundo rural, y hay, además, un pescador que se lamenta a cámara del destino al que ha sido condenado su país y las generaciones que le siguen.

Todo esto lo encontraremos en este largometraje que se estrena el próximo viernes, día 2 de julio, en salas comerciales y sobre el que charlábamos con su director.

Explícanos quién es Erfan Shafei. ¿Por qué lo escogiste como guía o cicerone para este relato?
Erfan es un joven iraní de origen kurdo que sueña con hacer su primer largometraje, su primera canción y, quizás, encontrar su primer amor, esa experiencia amorosa que ha leído en los textos o en los versos de sus poetas preferidos. Mientras todo eso llega, vive con sus padres, con un loro que es uno más de su familia y, por las noches, se reúne con sus amigos para cantar y protagonizar conciertos improvisados debajo de las estrellas de Teherán.

Después de tantos años dedicados al periodismo cultural y, en concreto, al cine, ¿qué te ha empujado a dar el salto a la dirección?
No ha sido algo premeditado, simplemente es una consecuencia natural, creo yo. Mientras desarrollaba mi actividad periodística, radiofónica, escribía guiones, hacía cortos y asistía a periodos de formación en la dirección cinematográfica, algunos bajo la dirección de Abbas Kiarostami, Asghar Farhadi y Víctor Erice.

En las notas de la película, apuntas a esos directores como Abbas Kiarostami o Jafar Panahi, como referentes previos a esta película. ¿Qué te une a ellos y en qué sentido piensas que su inspiración se encuentra en la película?
Especialmente con Abbas Kiarostami y con Víctor Erice me unen sus formas, su cadencia, la relación de su cine con la poesía, con un sentido intimista del relato.

¿Por qué Irán? ¿Qué te vincula a este país para tomarlo como sujeto de tu primer largometraje?
Irán es la metáfora de nuestra civilización, la derrota de nuestro pensamiento, la herida de los perdedores. Siendo uno de los pueblos y de la cultura originaria del mundo latino, se encuentra en la sinrazón de la igualdad social. La poesía, la música, sus versos no les alcanza para una organización social más igualitaria.

Te has decantado por hacer una película sobre la música como vehículo para hacer este retrato sobre Irán, en lugar de poner el foco en otros a más directamente relacionados con aspectos políticos o sociales de su sociedad. ¿Por qué tomaste esta decisión?
Yo no quise ni quiero hacer un proceso político a la sociedad iraní, no fui para eso, para juzgar, fui porque me interesa Irán, porque me siento estrechamente relacionado con sus poetas, con sus cineastas y, sobre todo, con su música, ese universo musical persa que es infinito y del que mucha parte de la cultura musical de la España del sur es tremendamente heredera. Desde la música quise intentar un diálogo con los persas, con los ciudadanos que no pisan cátedras universitarias, ni alfombras del poder político ni periodístico.

Cada uno de los personajes que aparecen en pantalla describen cuál es, para ellos, el significado de la música. Hay quien sostiene que es el sonido del amor. Para otros es el lenguaje universal de la comunicación de los sentimientos. ¿Qué significa la música para Javier Tolentino?
La música es la expresión de las emociones, la banda sonora diaria de nuestro ánimo. Cada día te levantas de forma distinta, dependiendo de los deseos y de los objetivos de ese día, la música construye la partitura del día, abre ventanas y puertas (como hace Erfan en el inicio). En los programas de radio que he dirigido, la música ha ocupado más tiempo y espacio que la palabra… la música está en nuestras vidas, en los bosques, en la calle, en la historia… Cada época tiene su banda sonora, su música. La música no juzga ni fiscaliza… la música no te exige traducciones, te entra para quedarse.

En la película no hay una descripción de unos hechos o de una situación o conflicto social y político. Es más bien, una especie de collage, un paisaje, una impresión. ¿Esta estructura estaba desde el principio en el guion del proyecto o fue fraguándose durante el rodaje y posterior montaje? ¿En qué momento te diste cuenta de qué era eso lo que querías contar?
La película tuvo un planteamiento inicial: un cronista europeo viaja a Irán para buscar las más bellas canciones en las voces más jóvenes del país. En ese viaje intentaría descifrar parte del laberinto o, al menos, de la distancia entre Oriente y Occidente. Ese es el inicio y eso está en la película que vamos a estrenar. El desarrollo es la experiencia de un equipo que trabaja unido y que plantea y cuestiona el estilo del relato. Siempre he dicho que el lenguaje es lo que me importa y en el lenguaje (la estructura) de Un blues para Teherán ha estado todo el equipo dispuesto a encontrarlo. Yo creo que entre todos (producción, fotografía, sonido, música, pre-montaje, edición, post-producción, dirección, etcétera) lo encontramos.

Algo que llama mucho la atención en la película es esa conexión que hay entre músicos profesionales y cultura popular, de forma que la línea que separa a unos de otra se queda muy difusa. En este sentido, destacaría la secuencia de los arrozales. ¿Cuál era tu intención sobre esta cuestión?
Esta secuencia es muy particular, los arrozales en el interior de la comunidad rural de Taleshi, una comunidad completamente desconocida en Europa e incluso casi vetada y silenciada en Irán, una minoría cultural muy rica en su música. La secuencia estaba prevista como una sinfonía operística, una pincelada del color verde (color de las esperanzas de igualdad y libertad en Irán), estaba pensada como un trazo de vida rural en donde la cotidianidad del arrozal se abrazaba a la naturaleza, a la música  y los caballos, las motos, los coches, donde los campesinos mostraban o muestran que la civilización, la cultura no es exclusividad de la academia o de los medios de comunicación. Hay otra vida más allá de Teherán, del poder y de la organización política.

Uno de los personajes más interesantes es el de ese pescador que reflexiona a cámara sobre la vida en el Irán contemporáneo. Es como una anomalía, casi parece un intruso. ¿Qué papel juega para ti sobre el conjunto de la historia?
Asghar, el pescador del Caspio, es la voz del iletrado que, sin embargo, tiene muy claro la historia de su país, los orígenes del ser humano. Grita desesperadamente que las hijas son mejores que los hijos en un discurso en el que se carga todas las leyes hereditarias de su comunidad. Carga contra los reyes que huyeron de Irán como ratas, como siempre hacen las monarquías, dejando a su pueblo a merced de la horca. Asghar cita y canta a sus poetas y habla que los cambios no alcanzan a la gente humilde y honrada que, indefectiblemente, deberán solucionar sus vidas por su cuenta.

Como periodista, en qué crees que la realización de esta película ha cambiado tu mirada sobre el cine. ¿Cómo es Javier Tolentino después de Un blues para Tewherán?
Todo afecta a una persona, el último programa de radio, la última entrevista, una película, una canción… Este proyecto ha confirmado que mis deseos por hacer cine tenían su argumento, su verdad. Amo el periodismo, la radio… Eso es lo que quise hacer siempre y a lo que he dedicado una parte de mi vida. No hay tanta diferencia con hacer cine, es otro lenguaje, otra estructura y otra etapa en la que ahora estoy totalmente entregado.

¿Habrá una continuidad?
Yo voy a hacer todo lo posible. En estos momentos me encuentro montando mi tercer corto con Cecilia Gala como protagonista y Walter Geromet en la construcción de la banda sonora, y espero que podamos comenzar en el primer trimestre de 2022 el rodaje del próximo largometraje. Pero el cine, la literatura… tiene su dinámica industrial que no dependen tan sólo de los deseos y de los proyectos de uno. Cuenta también el tejido empresarial que lo hace posible o imposible.

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