«Me parecía muy triste y muy potente el hecho de que un incendio hubiera destruido una amistad»

LAURA RIUS

Una historia, un suceso: un grupo de amigas se reúnen en la casa del tío de una de ellas para pasar un fin de semana juntas. Acaban de cumplir dieciséis años y llevan mucho tiempo esperando este momento con ilusión. Por primera vez en sus vidas van a disfrutar de esa sensación de libertad que implica salir del entorno de la familia y disfrutar de la cómplice compañía de aquellos con los que compartes todo tu mundo: tus amigas. Pero esta feliz experiencia tendrá un trágico desenlace cuando, en plena celebración de una fiesta, la primera noche, se produce un incendio que acaba arrasando con la casa. Esta catástrofe tendrá serias consecuencias para el grupo de amigas que acabarán por distanciarse y perder la relación. Años después, vuelven a reunirse para restaurar las heridas que quedaron abiertas entre ellas. Y hasta aquí los hechos. Pero quedarse solo en la línea argumental de esta película sería dejar de lado más de la mitad del trabajo que la directora Laura Rius nos propone con Les filles du feu, última incursión de una autora de la que no teníamos noticias desde Las amigas de Ágata, film colectivo que supuso un antes y un después en el despertar de una generación de cineastas que aún está despegando. Con una deliberada mezcla de formatos, Rius despliega un rico abanico de recursos con los que propone un juego en el que se apela a la imaginación del espectador, que será quien tenga que componer el conjunto de acuerdo a las piezas que se le van ofreciendo. Tratábamos algunas de estas claves con la directora en esta charla.

Tu anterior trabajo es tu participación como co-directora en Las amigas de Ágata con la que veo bastantes conexiones temáticas con esta película, especialmente el hecho de que ambas historias estén protagonizadas por un grupo de amigas. ¿Por qué has escogido de nuevo ese tema como motor de esta historia o de tus historias?
En este caso, la película no tenía que hablar de un grupo de amigas. Es un tema que estaba allí, pero yo no me daba cuenta. Cuando empecé a grabar la película, lo que me interesaba era el hecho de un incendio en una casa, etc. Pero, mientras la iba montando, me di cuenta que era más una historia de amistad, como en Las amigas de Ágata, que sobre un acontecimiento. Pero, en los dos casos, más que un tema recurrente sobre el que yo haya decidido hablar, creo que tiene que ver con el momento vital en el cual me encontraba. Con Las amigas de Ágat, todas [las cuatro directoras acreditadas de la película] pasábamos por lo mismo que nuestras protagonistas. Estábamos en la universidad y sentíamos ese conflicto con las amistades de la escuela que aparece allí. Ahora es un paso más. Somos adultos y quizá pueda reconciliarme con gente con la que dejé de verme. Pero más que partir de un tema, me incliné sin querer hacia este grupo de chicas y acabé haciendo una peli sobre la amistad, lo que muestra que sí es un tema con el que me siento relacionada (risas).

Mientras veía la película estaba pensando en Las vírgenes suicidas de Sofia Coppola, no sé si este es un referente para ti.
Sí que podría ser un referente, pero esos referentes son más de ficción y, en realidad, en mi película el grupo de chicas vivieron realmente esta historia. Les filles du feu es más un documental con algunas secuencias trabajadas como ficción. Pero, sí, en la puesta en escena, cómo grabarlas, cómo hacer su retrato sí que me gusta este tono melancólico de Las vírgenes suicidas. Se trataba de concentrarse en la melancolía de cada una de ellas y en cómo el incendio seguía latiendo ahora.

Te iba a preguntar sobre eso porque, cuando estás viendo la película, no piensas en un documental, sino en una ficción que tiene un estilo documental. ¿Qué te aportaba esa estética?
Lo que pasó es que conocí a la propietaria de la casa, que me contó que, cuando tenía 16 años, había ido a casa de su tío con sus mejores amigas, que se había producido ese incendio la primera noche y que, desde entonces, no se habían vuelto a ver. Entonces, le pregunté, ¿me dejarías que contactara con ellas? Si me das sus mails, les escribo y así las puedo conocer a cada una de ellas por separado, les hago entrevistas, les grabo su vida en París y luego nos vamos un fin de semana a la casa, que se iba a vender, y habláis de lo que pasó porque es un tema que nunca resolvisteis. O sea que la base es completamente documental. Sí que hay una puesta en escena en el momento en el que las grabo, pero todo es documental. Cuando hablan en la escena final, es lo que ocurrió. La planificación era más de ficción, pero lo que pasaba dentro de cada plano era documental.

¿Por qué elegiste esa forma en vez de inspirarte en la historia y llevarlo a la ficción?
Porque a mí lo que me conectaba con estas chicas es que me parecía muy triste y muy potente el hecho de que un incendio hubiera destruido una amistad. Si hacíamos esta película juntas, lo que me gustaba es que fuera una experiencia, una especie de performance en la que nos encontraríamos en la casa, hablarían de eso y cerrarían el tema. Lo interesante era que la película sirviera de algo, que las chicas volvieran a conectar y que pudieran hablar, que no fuera solamente una historia para contarle a la gente.

Eso es algo que vivisteis los que estáis dentro del proyecto, pero, ¿en qué posición pones al espectador, que no sabe lo que hay detrás, frente a la película? 
Me gusta esta tensión que provoca el hecho de que no se sepa bien si es un documental o una ficción. Por ejemplo, ¿cuándo tú viste la película pensaste que era una ficción?

Sí, creí que era una ficción, pero que, para contarla, habías escogido esta forma de falso documental. Pensando en Las amigas de Ágata, por ejemplo, tiene esa forma de interpretación más abierta a la improvisación que le daba ese tono naturalista.
Sí, es lo mismo. Las amigas de Ágata era una ficción con aires de documental y esto es un documental con aires de ficción. Creo que me interesa más hacer una película a partir de algo real. Creo que me estoy encaminando más hacia ahí.

Por eso te preguntaba por la posición del espectador. Para las protagonistas la película sirve como una catarsis personal, una experiencia, decías, pero, ¿qué le reporta al espectador este relato?
Yo creo que, si miras la película como una ficción, es lo mismo. Que luego descubras que es realidad, añade algo más. Creo que, si estás conectado con los personajes y lo que pasa, me parece interesante que el espectador piense que es una ficción. No me había pasado que la gente pensara que es una ficción, por eso no lo tengo muy pensado. Pero sí que es verdad que yo he montado la película como una ficción. En ese sentido, es muy narrativa.

En ese sentido, lo primero que llama la atención es la estructura, cómo vas fraccionando el desarrollo de aquello que sucede y cómo tiene el espectador que ir componiendo eso a base de fragmentos de cosas que se cuentan pero que, además, no se ven. ¿Cómo fue el proceso de construcción de este armazón? ¿Era algo que venía impuesto por la propia situación o fue algo que fuiste descubriendo, como dices, en el montaje?
Durante el rodaje tenía muy claro que quería que la película se construyera como por estratos, como si fuera un cuento, en realidad. La película empieza con una casa que está quemada y que se va a vender. Hay una parte en el medio en la que vas conociendo a cinco chicas que notas que están ligadas, pero no las ves nunca juntas. Y luego, vas entendiendo que quizás haya habido un fuego, que quizás no se han vuelto a ver, que quizás eran muy amigas, que se sienten culpables, etc. Me gustaba la idea de ir construyendo capas para, en la tercera parte, hacer un eco con la primera. De hecho, la película empieza con un plano de una rotonda que luego se retoma en la segunda parte, como si fuera una especie de bucle temporal en el que, al final, cuando se encuentran en la casa, fuera entre el presente y el pasado, porque están haciendo lo mismo que hicieron la primera vez que estuvieron en la casa, solo que ahora son adultas y podrán hablar de ello. Se trataba de dar pequeñas pistas y que el espectador las fuera ligando y haciéndose su propia idea para llegar al punto culminante que es cuando se encuentran y notas que van a hablar de alguna cosa importante. Aunque es verdad que no se resuelve del todo, porque es difícil decir que son las mejores amigas del mundo, al menos cerraron el bucle.

Hablaba hace poco con León Siminiani al respecto de su película (Síndrome de los quietos), y me decía que una de las cosas que es propia del cine es ese poder que tiene para hacer convivir espacios y tiempos diferentes en una misma narración. Al ver tu película, me he acordado de esto, no sé si estás de acuerdo.
Sí, totalmente de acuerdo con él. Además, fue mi tutor en Las amigas de Ágata (risas). Sí, la casa en sí misma es una metáfora de una amistad suspendida en el tiempo, es como el pasado. Me gusta pensar que en la película se encuentran el pasado, el presente y el futuro, que se van hilando con el montaje. También lo que van diciendo es importante porque en un momento dado estás en el presente, pero hablan del pasado, la película empieza en presente, pero están hablando de una casa que se ha quemado, pero que se venderá… todas las pistas van creando esa temporalidad de bucle que decía. En la película he utilizado recursos, como la magia, para, precisamente, reforzar este aspecto un poco mágico del tiempo.

¿Había en todo ello alguna reflexión tuya sobre el propio concepto de tiempo o fue un proceso de ir descubriendo donde estaban las claves del juego? 
Vino dado por el proyecto. Un grupo de chicas que no se han visto desde hace diez años, la casa está ahora en ruinas, suspendida en el tiempo, su amistad también está suspendida en el tiempo, la casa se venderá, lo que activa a su vez el tiempo, que activa la amistad… Es decir, vino dado por el proyecto, aunque luego, en el montaje, lo reforcé. Por ejemplo, cuando veía las imágenes de ellas con las maletas, cuando están llegando a la casa otra vez, quería que el espectador se preguntara, ¿es una reconstrucción de lo que pasó? ¿Es el presente? ¿Qué está pasando? ¿En qué tiempo estoy? Intenté jugar mucho con esto.

Hay algo que me gusta mucho de la película y es el juego de texturas que forman parte del relato. La textura del techo de la casa, las ventanas, etc. ¿Qué significaban para ti estos elementos dentro de la película?
En el caso de los planos de la casa del principio, quería que fueran como indicios. Hay otros planos de vidrios quemados que me gustaban también porque me evocaban algo fantasmagórico. En la película hay muchos puentes entre las cosas. Las imágenes del principio de texturas de la casa las recupero luego, cuando una chica sopla una vela y vemos fotos de la casa quemada: unas son del presente y otras son del pasado. Era eso, ir sembrando pruebas. Bueno, aparte del tema estético del granulado. Me gusta mucho la materia. Pero a nivel de sentido servían para eso, como indicios.

Te hago estas preguntas porque, aparte de la historia, creo que una de las cosas más interesantes de tu película es como está construida. En ese sentido, uno de los elementos más llamativos es el uso del sonido, del silencio. Esos elementos van marcando el tempo de la película, más que los hechos que se cuentan. ¿Cómo lo trabajaste? 
Al principio colaboré con una chica, pero luego estuve trabajando en el montaje yo sola durante tres meses. Yo soy montadora de base y es lo que más me gusta, crear el ritmo de la película, etc. Es verdad que, al principio, la película era muy hablada, quería hacerles más entrevistas a las chicas y que hablaran mucho, pero me di cuenta de que no funcionaba. Creo que era importante que la película fuera muy silenciosa para que, cuando escuches algo, te fijes realmente, que escuches realmente. Aunque haya mucha música, creo que intenté dejarla lo más silenciosa posible para subrayar y escuchar bien lo que se dice.

Me has hablado al principio de la melancolía, pero a mí la película también me transmite un cierto sentimiento de felicidad, son como los dos extremos de una misma cosa.
¿Melancolía y felicidad? Sí, es una cierta felicidad porque sí que cierra algo. Sobre todo, para la protagonista, Magda. Haber hecho esta película, haber hablado con sus amigas, haber cerrado el tema, que la casa se venda, que ya no sea un peso sobre su conciencia, es una felicidad. Felicidad porque todas tenían ganas de hacer la película. Yo pensaba que me iban a decir, “ni de coña” porque, además, había temas de dinero, de seguros, ¿quién ha quemado la casa?, no era muy evidente que dijeran que sí. Pero sí que estaban ilusionadas con hacerlo porque todas sentían que era un tema que las ponía tristes, que no estaba digerido. Ilusionadas, felices, pero, a la vez, es algo que no tiene vuelta atrás. Dejaron de ser amigas y no se han vuelto a ver después de la película. Sí que lo solucionaron, pero…

¿Y cómo te sentías tú con respecto a esta historia?
Me sentía muy identificada. Por eso quería hacerlo, porque estaba en el mismo punto vital en el que estaban ellas. Tienen mi edad, yo también pienso en otras amistades, en otras personas, conflictos… las quería acompañar a hacer ese camino porque quizás era algo que yo también quería hacer.

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