FIDO

«Las grandes pasiones también se despliegan con las personas pobres»

ROBERT GUÉDIGUIAN

Llegaba el cineasta francés Robert Guédiguian a la sala Berlanga de la Filmoteca de Valencia con motivo de su Palmera de Honor de la Mostra, para un encuentro con la prensa menos nutrido de asistentes de lo que merecía la ocasión. Pero si bien la modesta asistencia señalaba a los ausentes, a otros nos brindaba la oportunidad de charlar con mayor soltura con uno de los cineastas más relevantes de las últimas décadas del cine francés y, sobre todo, de un cierto cine social cuya sensibilidad y ojo clínico de los conflictos humanos bien deberían tener en cuenta algunos realizadores patrios.

Ambientado mayormente en su Marsella natal, el cine de Guédiguian es, sí, cine comprometido, no solo con los conflictos políticos, económicos, de clase, que afectan a sus personajes, sino con una mirada que no esconde las oquedades y contradicciones que les afectan. Con esta breve reflexión, el cronista se retira, para, en los párrafos siguientes, dejar paso al narrador, es decir, al director, cuyas reflexiones a propósito de las preguntas que le hicimos se bastan por sí solas para colmar nuestra curiosidad y necesidad, quizá, de conversar con alguien que ha pensado, antes que nosotros, lo que nosotros pensamos. Ahí lo dejo.

Sobre el cine social.
«Lo primero es que no me gusta la expresión cine social. Porque muy a menudo los calificativos descalifican. Y me gusta decir que yo hago cine. Es un cine que a veces habla de obreros, de desempleados, de inmigrantes… No podemos decir, por ejemplo, que un cineasta que haga películas sobre la burguesía sea un cineasta burgués. O, por ejemplo, un campesino que haga cine sobre el mundo campesino, que sea un cineasta campesino. Yo hago cine y punto. Y como decía ayer (para darle las gracias por ese homenaje de la Mostra por haberme dado el premio), yo diría más bien que lo que ocurre es que el pueblo, en el cine, se ve reducido a un papel de figurantes, de figuración. Y yo lo que he intentado es ponerlo en primer plano, es decir, de alguna manera, hacerle justicia. Y mostrar que las grandes pasiones también se despliegan con las personas pobres. Es verdad que parto de principios morales absolutos. Yo creo que la grandeza del mundo depende de cada uno de nosotros. Y esa es la condición para hacer un cine que yo llamo popular. Ese adjetivo, sí que lo admito».

El cineasta y el público.
«Eso es una buena pregunta, porque yo creo que en general los cineastas deben preocuparse por el público. Y ahí voy en contra de estas teorías del arte por el arte. Es decir, que un cineasta debe esforzarse por hacer en libertad, pero cosas comprensibles. Hay que enseñar las cosas comprensibles, aunque sean incomprendidas, como decía Brecht. Y a través de ese, digámoslo así, desvelamiento, tenemos acceso al público. Hay otra cita que también me gusta mucho, esta vez de Mao Tse Tung, que dice: el artista debe caminar por delante del pueblo, pero solo un paso. Una afirmación muy fuerte. De hecho, lo que está ocurriendo es que mis films, que podríamos decir que son de autor, que son independientes, sin embargo, tienen éxito. De hecho, aparte de tener público en las salas de cine, mis películas luego se emiten por televisión.  Y ocurre [que son aceptadas] en todas las franjas de edad. Quizá un poco menos por debajo de los 25 años, pero en las franjas entre los 25 y 45 años, funciona. Pero tengo que confesar que no es un cine para niños».

Las contradicciones de las clases populares.
«Yo creo que hay que decir la verdad de las cosas. El ser popular no significa alagar todo el tiempo al pueblo. Eso es ser populista, y yo he dicho que soy popular. Es decir, que el pueblo posee todas las pasiones, también las malas pasiones. Por lo tanto, todas las grandes historias de pasión, de traición, de avaricia de mezquindad existen también en el seno del pueblo. No solo en el mundo de los dioses, los príncipes, princesas o reinas».

Sobre la actualidad política y el cine. Ucrania.
«Es difícil de decirlo, porque el cine de ficción siempre va por detrás de la realidad. En términos periodísticos existe el reportaje. Existe el documental, pero el documental viene luego. Para hacer una película sobre la guerra de Ucrania tendríamos que dejar pasar más tiempo, que la guerra avanzara más para poder encarnar la película en unos personajes. Mi punto de vista sobre la guerra es que hay muy pocas guerras justas. Y la exaltación del patriotismo, que se acerca bastante al nacionalismo, es una cosa que me desagrada. De hecho, hay muy pocas guerras en las que los pobres no mueran por los ricos. Desde luego, está claro que Rusia ha invadido a Ucrania y, desde ese punto de vista, estoy a favor de Ucrania. Y quizá dentro de cinco o 10 años sí que haga una película sobre jóvenes ucranianos que van a defender, quizá no tanto la patria, sino determinados personajes que se han aprovechado de esta guerra. Respecto a la Primera Guerra Mundial, la del 14 al 18, en todas las plazas de todos los pueblos de Francia hay un monumento que dice: muertos por la patria. Y yo creo que habría que poner: muertos por nada. O quizá por determinados beneficios. Los beneficios de Citröen de Peugeot, etc. Sigo siendo un anarco-comunista, no he cambiado».

Evolución ideológica.
«No, como he dicho antes, respecto de los principios, no he cambiado en absoluto. Pero, sobre las formas sobre las que se pueden proyectar estos principios, sí que he cambiado y mucho. Me interesan mucho y me conmueven las luchas que se llaman horizontales o micro económicas que se producen en un pueblo, en una fábrica, en un barrio. He escrito un libro este verano que se llama: ¿El mañana todavía puede cantar? Lo que me interesa en estos momentos es buscar los momentos comunistas. A nivel local, aquellos momentos en los que los colectivos y el individuo están en harmonía, esa es la definición de comunismo para mí. Este equilibrio comunista es deseado, pero no puede ser eterno. Yo creo que hay que seguir la pista de ese tipo de momentos, tratar de mantenerlos, suscitarlos, e inventar otros momentos nuevos permanentemente. Yo, en realidad, estoy interesado en el comunismo que ya existe, que está ahí. De hecho, es la sucesión de los movimientos comunistas lo que me interesa hoy, y no lo que me interesaba cuando era joven que es este cambio nacional, internacional, el fin de la historia, etc. Eso ya no me interesa».

¿Renunciamos al comunismo oficial?
«Comunismo oficial, no sé muy bien lo que significa. Pero si lo que quiere decir es que lo que hay que hacer es nacionalizar las empresas, terminar con la propiedad privada, eso no puede funcionar, como lo sabéis muy bien en España. Hay otra manera quizá de hacer las cosas».

Cine y ascenso de los nacionalismos.
«Hay películas mías en las que algún personaje ha votado por el Frente Nacional. Yo creo que estos movimientos existen, como en Brasil, donde estuve para una retrospectiva, porque no hay una izquierda real. En Francia teníamos, en tiempos de Mitterrand, lo que llamábamos la unión de la izquierda. Y bueno, yo sigo con ese combate. Lo que ha pasado en Francia es que ha habido una unión de la izquierda en las legislativas, cosa que no pasó en las presidenciales. Lo que tenemos ahora es una izquierda unida, pero que hay que vigilar constantemente para que no se desuna. Yo espero que esa izquierda unida sea la que impida la victoria de la extrema derecha. Es la única muralla posible».

Cine y Marsella.
«Hacer siempre películas en el mismo lugar [Marsella], lo que primero es que da una forma a lo que yo hago. El pueblo en el que hago la película es la forma y, el fondo, es el mundo. Y lo que hago así es, de alguna manera, remitir la universalidad al resto de lugares del mundo. Lo que decía de los individuos, lo puedo decir de los lugares. Es decir, que podemos hablar de todas las historias del mundo, en todos los lugares del mundo. Lo que demuestra es que el universal abstracto no existe, sino que está ligado a un lugar concreto. Y, en parte, es por eso que siempre hago películas en el mismo sitio. Y, además, hay otras muchas razones, más psicoanalíticas. Rodar, de alguna manera, es exponerse, y yo me siento más seguro en mi sitio que fuera. Me siento también como más legitimado, porque rodar es también apropiarse de un sitio, una historia y eso hace que me sienta más legitimado para hacerlo cuando estoy en mi tierra».

Los actores.
«Yo repito siempre con tres actores: dos hombres y una mujer. Gérard Meylan, Jean-Pierre Darroussin y Ariane Ascaride, mi mujer. Yo creo que lo importante es que tienen mi edad, hemos crecido juntos. En la parte en la que yo me siento más autor es con esos actores. Yo necesito a estos actores. Y ha habido que ir encontrándoles hijos y nietos en la ficción. Ahora ha llegado una segunda tropa de actores a esta ficción. Esa segunda generación, los hijos de los primeros, ya han rodado seis películas conmigo. Soy como un jefe de tropa del S.XVI o XVII».

¿Hay un cine mediterráneo?
«Yo no hablaría de identidad, sino de acercamiento entre todas estas cinematografías [mediterráneas] Como decía ayer, se parecen, en primer lugar, por el clima. Hay toda una serie de elementos, de vegetación, de un mar que es cerrado, por cierto, del aire libre, que da a todo ello una estructura a nuestros relatos. Por eso decía que rodar en un mismo lugar da una forma, a través del clima, de la geografía, de la geología… Veo películas rodadas en Argelia, en Italia, en Grecia y veo una cosa muy parecida. Y yo creo que es por ahí, con esos elementos, como se reconoce un film mediterráneo».

Próximo proyecto.
«Acabo de terminar de rodar mi próxima película, que saldrá en marzo. La película se llamará: ¡Y la fiesta continúa! Parte de la historia trágica del hundimiento en 2018 de unos inmuebles en Marsella. Esto ha creado un movimiento popular, o lo que yo llamo movimiento comunista. Esto ha llevado a gente que no se hablaba siquiera a tener gestos de solidaridad y de ayuda mutua y, también, de hacer fiesta. Todo esto ocurría a veinte metros de una estatua de Homero, lo cual es muy irónico. En realidad, es Homero el que nos cuenta todo esto porque, como dice la mitología, Homero estaba ciego… pero no sordo».

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