36ª Mostra de València. Película inaugural: El Lodo de Iñaki Sánchez Arrieta

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Primera imagen: un plano aéreo de los arrozales de la Albufera de Valencia. Es un paisaje mezcla de colores verdes y ocres. En cierto modo, es una imagen idílica. Pero, a medida que nos vamos acercando, vamos poniendo la atención en los pequeños detalles. Y allí, entre las líneas que dibujan los surcos de la siembra, encontramos el cadáver de un hombre. ¿Quién es? Misterio. Unos segundos después, otro hombre (¿o quizá sea el mismo?), Ricardo, llega con su familia a ese mismo lugar. Ricardo es biólogo y ha venido para estudiar la situación de los acuíferos de la zona. La falta de lluvias ha secado las despensas de agua haciendo peligrar las cosechas y el entorno natural que rodea a los campos. Para salvar el paraje y asegurar la supervivencia de la laguna que le da vida, Ricardo trata de imponer unas medidas draconianas a los agricultores que, la vista puesta en el corto plazo, no aceptan. ¿Quién es ese extranjero que viene a decirnos lo que tenemos que hacer?, protestan los lugareños. Pero Ricardo no está dispuesto a rendirse y se enfrenta a los campesinos. Así, choca con una cultura y unas gentes que desean vivir su vida como siempre la han vivido. En principio, podríamos pensar que Ricardo tiene razón. Pero, ¿y si no fuera así? De fondo, Ricardo y su mujer cargan con un drama: la reciente pérdida de su hijo pequeño en un accidente doméstico. Más al fondo todavía, Ricardo se enfrentará a los intereses de un mundo que se niega a cambiar ante el avance de la modernidad, en este caso, representada por un ecologismo que se contrapone a sus costumbres e intereses materiales.

Este es el argumento de El lodo, segundo trabajo largo del director valenciano Iñaki Sánchez Arrieta, con el que daba comienzo una nueva edición de La Mostra de Valencia-Cinema del Mediterrani que se celebra desde el día 15 al 24 de octubre. Sánchez Arrieta ya había presentado su primera película, Zero, en el contexto de este festival. Si en Zero, Arrieta se desmarcaba con una película con tintes de ciencia ficción, aquí lo hace con un thriller donde lo desconocido, el quién es quién, se mezcla con elementos de drama en un maridaje que nos enfrenta a algunas contradicciones interesantes. Todo ello rodado, además, con pulso seguro para dar una factura a la altura de una producción que apunta a la taquilla. En el reparto encontramos nombres como Raúl Arévalo, Paz Vega, Roberto Álamo, Susi Sánchez, Joaquín Climent, Enric Juezas, Susana Merino y Josep Sellés. Algunos de ellos, acompañaron al director para arroparlo en la gala de inauguración del festival.

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“La Albufera es un espacio increíble, que guarda una belleza muy grande, pero, cuando cae la luz, tiene un punto muy siniestro, oscuro, otro ángulo”, afirmaba el director valenciano a propósito del espacio que sirve de fondo para su historia. “Empecé a visitar la Albufera y descubrí que, en cualquier humedal, como en cualquier reserva natural de este país o de cualquier parte del mundo, siempre están antepuestos los intereses de la ecología y de la economía. Eso ya era un buen motor de arranque para una película. Luego, le puse la parte de la tripa. Fue algo así como, tengamos un conflicto en este paraje tan increíble que nos va a dar unas posibilidades visuales muy grandes y, a partir de ahí, busquemos quién se va a hacer cargo de ese conflicto y de cómo gestionarlo. Luego, pongamos a las bandas: elijamos a unas personas que vienen a solucionar esto y escojamos a otras personas que están viviendo de ello. Ahí es donde se contrapone la ecología, el interés por la conservación, y la subsistencia de la gente que vive allí. En la Albufera, como en tantos parques, hay gente que tiene un modo de vida que no siempre es beneficioso para el propio entorno natural. Eso es lo que me suscitaba el interés para el arranque”, comentaba.

A partir de ahí, el director comenzó a construir a sus personajes, motores de esa confrontación. Aparece, así, uno de los elementos capitales que fortalecen la arquitectura de esta película: el miedo. “Yo creo que el miedo es lo que mueve el mundo. El miedo nos moviliza y, frente al miedo, todo el mundo toma una determinada posición”, comentaba Sánchez Arrieta a los medios asistentes al encuentro. Ese miedo es lo que inmoviliza a Ricardo, su protagonista, al no asumir lo que debe asumir, aquello que no se atreve a enfrentar y que le acecha desde su pasado reciente. Miedo a enfrentarse a sí mismo y que le llevará a realizar determinados actos que generarán más miedo en una comunidad que vive pacíficamente, como puede, pero vive, en ese espacio. “Esas personas se ven afectadas por una serie de medidas y por una persona que no es capaz de escuchar, de interpretar la situación que se va a encontrar”, explicaba el director.

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Esa confrontación, plantea ya las primeras contradicciones.El mundo bárbaro, las costumbres ancestrales de ese mundo de la Laguna Blanca [lugar inventado donde sucede la acción], a veces son más humanas, más coherentes que las que representan la civilización a través del personaje de Raúl Arévalo”, afirmaba la actriz Susi Sánchez, quien interpreta a Francisca, la cacique y terrateniente local en la ficción. Un mundo que, sin embargo, no está alejado de cualquier otro mundo y en el que vida y muerte se entremezclan de manera indisoluble. “Algo que tiene la película y que me gusta mucho es que no es una historia de buenos y malos. Es verdad, hay violencia, hay agresiones, pero también hay humanidad. Me gusta cómo los personajes femeninos de la película mantienen un equilibrio dentro de ese caos que organizan los hombres. Para mí, lo más saludable de la película es que no es una historia que juzgue a los personajes”, afirmaba, emocionada, la actriz.

En la base de este relato, encontramos a unos personajes poliédricos, para cuya construcción junto a los actores, el director valenciano recurrió a construirles una intrahistoria que, si bien no siempre aparece en la pantalla, sirvió de soporte estable sobre la que fijar su fachada exterior. “Es una de las cosas que más ha costado trabajar”, reconocía el actor Joaquín Climent a propósito de su elaboración del personaje de Eusebio, el guarda forestal de la Laguna Blanca. “Trabajas con datos que tienes tú, pero quien vaya a ver eso no sabe nada. Él [por Iñaki] estaba muy convencido de esto y tiramos hacia delante, pero yo siempre tenía esa duda. ¿Se entenderá? ¿Esto tendrá potencia? ¿Creará interés en el espectador? No lo sabíamos. De hecho, siempre pensábamos que ahí había una película más”, explicaba Climent, entre risas. Para otra de sus compañeras de reparto, la mayor dificultad se encontraba en unir las pequeñas piezas que van componiendo al personaje. Es el caso de Susana Merino, que interpreta a Rosana, la extraña niñera que atiende a la hija de la joven pareja que se instala en la Albufera. “Iñaki y yo hablamos mucho y aunque, en el caso de Rosana, son pinceladas, buscamos la profundidad en todo eso que no se ve. Creo que el guion está tan bien escrito que, a pesar de faltarle esa historia, está en el fondo y eso hace que cada escena tenga esa personalidad, una identidad propia. No sé cómo explicarlo. Digamos que te dejas llevar. Y luego Iñaki dirige muy bien, tiene esa sensibilidad femenina, sabe detenerse y darte los tiempos para respirarlo juntos, y eso está ahí”, afirmaba la actriz.

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Pero si existe un espacio donde El lodo dobla su apuesta es en la mezcla de géneros o, partiendo de estos, en esa búsqueda por encontrar un giro que empuje la trama hacia delante sin olvidarse de aquello que motiva a los personajes. “A mí el tipo de cine que siempre me ha gustado es el cine que entretiene, que es el que se encuentra a caballo entre lo comercial y lo autoral”, explica Sánchez Arrieta. “Los referentes son películas donde se mezcla el entretenimiento con una trama que va por encima, y en ese esqueleto se introducen conflictos internos y personajes con sus problemas. Una de las referencias es Perros de paja (Sam Peckinpah, 1971), sin duda. Otra es Bosque de sombras (Koldo Serra, 2006). Otra es La caza (Carlos Saura, 1966). Todas estas películas tienen esa estructura. A mí me interesa contar algo que tenga su parte de acción, su parte de peripecia, que emocione en el sentido de la acción, del movimiento, pero que los alcances que hay por abajo estén cargados de cosas que sean las que terminan resolviendo la trama. En Zero pasaba lo mismo. No sé lo que pasará en la siguiente película, si la hay, pero parece que mis intereses van por ahí. Se trata de buscar a un público más amplio, desde lo autoral, pero también poder atraparlo con historias que tengan una trama entretenida o, si quieres, más comercial.”

Antes de despedirnos, nos referimos al propio título de la película, cuyas resonancias nos remiten a aquello que narra la historia. “El lodo hace referencia, obviamente, al lodo que hay debajo de una laguna o de aguas que están estancadas”, afirmaba el director. “Pero luego también se refiere a eso que cada uno tenemos dentro y que tenemos que aprender a gestionar, o vomitar, o hacer lo que podamos con ello y que son nuestras oscuridades. La película se llama el lodo por este lodo”. Al final, tras los créditos, queda ese espejo en el que mirarnos. Ese espejo es el cine, en definitiva. Fin de la primera entrega. G.LEÓN

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