Línea, luz, color

HASTA EL DOMINGO 11/10
LA NAU. Universitat, 2

No hay ningún otro artista, de ninguna disciplina, que tenga tres Premios Nacionales. Solo Miguel Calatayud. En su faceta de ilustrador, la más extensa y reconocida, se centró la última exposición que le dedicó València, el Centre del Carme concretamente, donde vimos de cerca al mítico Kembo, un león africano travieso y vegetariano ideado por el genial Carlos Pérez. Hoy son sus trabajos como historietista los que reciben los focos en La Nau, que ya le ha dedicado sus salas a grandes figuras valencianas del cómic y el humor gráfico como Paco Roca y Ortifus, y a revistas satíricas emblemáticas como La Traca y Hermano Lobo. Así que, en esta cama bien mullida, cabe cómodamente el hombre que le abrió el camino a la línea clara en España. Eran los años setenta y Calatayud, junto a otros tantos ilustradores de su generación, le dieron una nueva dirección a la ilustración infantil española. La radicalidad de la propuesta de Miguel se expresaba en una estética antinaturalista con acento narrativo, el vínculo con la cultura popular y las vanguardias artísticas, y un imaginario que superaba fronteras y géneros establecidos. La aguada, la línea fina como elemento delimitador, la geometrización y simplificación de las formas, el equilibrio y el ritmo a partir de los colores, y la descomposición cubista de la perspectiva agitaron el avispero español. Sus primeros trabajos publicados en la revista Trinca fueron pioneros en la incorporación del lenguaje del pop-art, lo que hizo jirones las convenciones del cómic español y abrió un mundo de posibilidades narrativas a través de la línea y el color.

La muestra Línea, luz, color recorre las principales etapas creativas del aspense, desde títulos fundamentales como Peter Petrake o Los doce trabajos de Hércules, que influyeron decisivamente en toda una generación de historietistas; hasta obras posteriores como La pista atlántica (reeditada en 2021) o El Proyecto Cíclope, donde la línea clara aparece vinculada a la luz mediterránea. Calatayud utiliza motivos literarios clásicos, personajes arquetípicos, gags cinematográficos e historias tradicionales en propuestas tan innovadoras como Los 12 trabajos de Hércules, de la que hablábamos antes, editado originalmente en Trinca, donde conviven la cerámica micénica y el arte de Heinz Edelmann. Otro trabajo en el que se embeben los referentes es El pie frito, que se inspira en los grabados de Goya, el western estadounidense y la valencianor, visible en elementos como las aucas o los socarrats. Calatayud sabía mirar la tradición con ojos vanguardistas. La exposición de La Nau reúne algunos de estos referentes visuales que le sirvieron de inspiración, junto a originales de un autor de pocos cómics que, sin embargo, impulsó la Nueva Escuela, aquella generación de historietistas valencianos de los ochenta que nos colocaron a la vanguardia europea. S.M.

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