¿Puede un cuerpo ser el tribunal donde se defienden los derechos de un río, de un bosque o de un océano? Ibrahima Niassy, conocido artísticamente como Pisco, nos sitúa frente a una de las fronteras más críticas del pensamiento contemporáneo: la necesidad de reconocer a la naturaleza no como un recurso, sino como un sujeto de derecho.
En su obra «Droits de la Nature» (Derechos de la Naturaleza), el artista senegalés transforma la danza y la performance en un manifiesto vibrante contra la explotación y el silencio de los ecosistemas.
Para Pisco, la sostenibilidad no es un concepto técnico, sino una herencia espiritual y una urgencia vital. Su pieza nace de la observación de cómo el equilibrio de los territorios se quiebra bajo la presión del consumo global. A través de un lenguaje físico que bebe de la tradición y se proyecta hacia la vanguardia, Niassy encarna la resistencia de los elementos. Su cuerpo se convierte en tierra que se agrieta, en agua que reclama su cauce y en aire que exige pureza.
Esta pieza coreográfica es un recordatorio de que la emergencia climática no afecta a todos por igual; es un llamado a la justicia climática desde una perspectiva global, poniendo el foco en la interconexión entre el bienestar de la naturaleza y la dignidad humana.




