Liberar el cuerpo. Abandonar la piel. La danza nos permite soltar lo que duele, dar forma a lo invisible y transformar la emoción en movimiento. Es un rito donde cuerpo, mente y emoción se funden en un mismo pulso.El Festival Bucles en su edición XIII reafirma su compromiso con la transformación social a través del arte, con la resiliencia como eje central. Este año, el festival se acerca a zonas afectadas por la DANA, apoyando a comunidades y compañías impactadas. Con una clara apuesta por la sostenibilidad, la inclusión y la participación ciudadana, Bucles promueve un arte vivo, accesible y comprometido, en entornos naturales y espacios vinculados a la huerta, con propuestas de danza, artes vivas y lenguajes multidisciplinares que impulsan una sociedad más justa y consciente.
En este taller, Laila propone invocar un cuerpo que va y viene, que construye puentes entre el gesto, la danza y la música. Un cuerpo que, en su impulso de huida, se detiene con lucidez para elegir lo que puede nacer al margen del dogma.
La propuesta se adentra en los límites entre tradición y novedad para crear bailes “tramposos” donde conviven el flamenco y lo contemporáneo. Por un lado, el folclore de un territorio concreto; por otro, el de la postmodernidad. En ese espacio compartido se ensaya la mezcla de gramáticas del movimiento, de archivos musicales y de contextos culturales, usándolos como dramaturgia, rito y fiesta.
Surge así una especie de folklórica Frankenstein que viaja del tablao al teatro, de la cueva al cabaret, del gremio a la pasarela. Una jondura bastarda que se despliega como zambra collage y teje un vocabulario híbrido, nacido del contagio y la intuición.
El taller se convierte en un espacio de creación lleno de preguntas: ¿Qué es hoy un cuerpo flamenco? ¿Puede el flamenco ser vanguardia? ¿Dónde habita lo mestizo, lo extranjero, lo pop? Desde el capricho y el estudio, se construye un archivo de bailes impuros que cosen, a retazos, una identidad en movimiento.






