LA INTERSECCIÓN nace de una pregunta sencilla y a la vez incómoda: ¿qué cuerpos, qué deseos y qué vidas reconocemos como plenamente legítimos, y cuáles seguimos tratando como excepción, anomalía o problema? El ciclo reúne propuestas escénicas y de pensamiento crítico que abordan, desde ángulos distintos, una misma certeza: la enfermedad, la discapacidad, el deseo, la violencia machista, la sexualidad mediada por la tecnología, la vivienda y la migración no son temas aislados, sino líneas que se entrecruzan en los mismos cuerpos y en las mismas vidas.
Con motivo de la décima edición del Cicle Escéniques Cuir, la Sala Carme Teatre, en colaboración con la asociación DISSIDENTS, plantean un programa que no se detiene en el diagnóstico de la crisis global, en LA INTERSECCIÓN cada pieza del ciclo apunta hacia delante, hacia los mundos y las formas de vida todavía por construir. Reconocer estas violencias juntas —y, a la vez, imaginar juntos cómo dejar de habitarlas— es el doble gesto, político y esperanzador, que da sentido al ciclo. El reconocimiento y la esperanza no son dos fases separadas, sino un mismo movimiento: primero nombrar la herida con precisión (el estigma del VIH, la violencia machista, el capacitismo, la persecución por orientación sexual, la exclusión habitacional), y desde ahí —no antes, no en abstracto— empezar a ensayar otra forma de vida posible.
El programa hilvana miradas complementarias: el activismo de Eduardo Casanova en torno al VIH, que interpela el estigma y reclama un futuro sin él; No solo duelen los golpes y No me des la chapa de Pamela Palenciano, que trasladan la violencia machista a un lenguaje intergeneracional para repensar las formas de relacionarse y de praxis militante ; Hunter de Lluís Garau, que explora cómo la sexualidad se reconfigura en las realidades virtuales; la palabra y el activismo de Bob Pop desde la discapacidad y la disidencia sexual; A pelo de Fernando Troya, que desnuda las relaciones de poder en el sexo entre hombres para imaginar otras posibles; la propuesta se completa con una charla que amplía la mirada al plano global —homosexualidad en África, decolonialidad y crisis migratoria y crisis de vivienda desde una perspectiva LGTBI— a cargo de la escritora y activista Rusly Cachina y el divulgador y escritor Erik Harley. Cada pieza es a la vez estudio de una herida y ensayo de una forma distinta de habitar el futuro.
LA INTERSECCIÓN no pretende ofrecer un discurso cerrado, sino un espacio de fricción productiva entre lo cuir, lo feminista, lo decolonial y lo materialista, con la esperanza como horizonte explícito: un lugar donde el deseo, el cuerpo y la vulnerabilidad se piensan también como cuestión de vivienda, de renta, de fronteras y de cuidados, pero siempre con la vista puesta en lo que aún puede construirse. El ciclo apuesta por la coalición entre las luchas y por el arte escénico como herramienta privilegiada para hacer visible —y por tanto reconocible— aquello que el relato dominante todavía no nombra, permitiéndonos ensayar vías de acercamiento a los mundos que todavía no existen.

