Hay regresos que se sienten necesarios. Rubén Pozo, una de las voces más personales y honestas del rock español, vuelve con un nuevo proyecto bajo el brazo tras un paréntesis discográfico que, más que pausa, ha sido una toma de impulso.
Nacido en Barcelona en 1975 pero criado en Madrid, su acento —musical y vital— siempre ha sido castizo. Con más de veinticinco años de trayectoria, Pozo ha transitado desde la efervescencia de los garitos madrileños hasta los grandes escenarios, siempre con una guitarra al hombro y una canción entre los dedos.
Rubén no ha dejado de compartir camino con otros compañeros de viaje. Escribió para Joaquín Sabina la poderosa “Embustera” (incluida en “Vinagre y rosas”, 2010), cantó con Poncho K, Iván Ferreiro, y giró junto a Mark Olson, de The Jayhawks, en una gira acústica que unió el folk americano con la esencia castiza del rock español. También ha ejercido como productor, firmando los trabajos de artistas como Pequeño Salvaje o Jordi Skywalker, y forma parte de Hot Legs, esa superbanda que reverencia a los grandes —de Tom Petty a The Rolling Stones— con la energía de quien sigue sintiendo la música como un acto de fe.
En 2023 publicó “Vampiro”, un trabajo que mostraba a un Rubén más libre, más canalla, sin perder el pulso de la canción bien hecha. Y tras un parón necesario, este 2025 regresa con un nuevo disco bajo el brazo que marca un punto de inflexión marcado por su mejor colección de canciones y por la fuerza de su nueva banda, Los Chicos de la Curva.
Un regreso esperado, con la energía renovada y la misma pasión de siempre.





