El tópico ha forjado un cliché fijo e inamovible de la sedería valenciana que se repite sin ninguna aportación crítica: tejidos robustos y consistentes, manufacturados como bienes patrimoniales para perdurar en el tiempo, y con diseños basados en presupuestos estéticos tradicionales y conservadores que se retejían generación tras generación.
Pero sin negar esa realidad, también nuestros “velluters”, en bastantes momentos de la historia de la moda y del consumo, crearon diseños y tejidos para la modernidad, siguiendo patrones estéticos de las tendencias internacionales. València, desde el siglo XV, ha sido un centro sedero de vocación europea y cosmopolita.



