La muestra reúne una selección de trabajos realizados a lo largo de dos décadas, junto con algunas piezas inéditas que no se habían mostrado hasta ahora. El conjunto funciona como una revisión directa de su relación con la pintura: lo que fue, lo que no fue y lo que se quedó a medio camino.
El propio artista lo plantea así:
La pintura y yo. Yo y la pintura.
Una (otra) historia de amor no correspondido.
Durante 20 años (!) estuve absolutamente seguro
de que la pintura sería la forma en la que me relacionaría con el mundo.
Música y cómics genial, pero me gustaba mucho pensarme como pintor,
haciendo oídos sordos a las modas de las escénicas y esas mierdas.
Una imagen fija con infinitas posibilidades temáticas y cromáticas. Supera eso.
Pues bien: malas decisiones, mala gente y malas experiencias. Todo mal,
unido a unas habilidades sociales propias más que cuestionables,
me empujaron al precipicio: a dejar de pintar.
Y lo dejé, hará como 4 años, y fue tan triste como liberador.
Tiré muchos cuadros grandes al contenedor… no quiero ni acordarme de eso…
pero muchos otros los conservo. Algunos inéditos.
Así que, no estéis tristes, porque aquí y ahora,
solo para vuestros ojos, expongo una selección
tanto de lo que fue y como de lo que pudo ser.
Sin planteamientos grandilocuentes ni cierre definitivo, la exposición abre una ventana a ese archivo personal y lo pone en circulación durante unas semanas.


