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“Yo creo que los actores y actrices no tenemos sexo”

El mismísimo Moliere ha tenido que ceder a los designios de Luis XIV, los políticos se han olvidado la corrección política dejando al aire sus miserias, tres amigos han tenido que replantearse sus convicciones ante el ascenso del nazismo, iconos infantiles como Peter Pan, Alicia o Dorothy nos han ayudado a analizar la realidad en clave de farsa. Todo esto se ha cocinado en la olla de Arden desde que Juan Carlos Garés y Chema Cardeña la fundaran en 1995 con la idea de levantar montajes de corte clásico asentados en textos contemporáneos. En 2011 abrirían la Sala Russafa, sede de producción y exhibición de la compañía que con los años se ha convertido en una coordenada imprescindible dentro del mapa cultural de València. En la calle Dénia estrenaron la primera coproducción Arden-Sala Russafa, 7 Reinas, con la que este mes de febrero celebran los diez años de vida de la sala. Es una pieza en la que siete hombres dan vida a siete reinas que tuvieron que ejercer, conquistar i mantener el poder en un mundo diseñado por y para hombres. Hablamos con Cardeña, la mano que mece los textos de Arden, sobre esta obra, la sala y su quehacer artístico teniendo fresco en la memoria el gesto que tuvo su compañía durante aquella cuarentena impuesta que nos tuvo encerrados en casa, colgar en abierto algunas de sus piezas más emblemáticas para entretenimiento del personal.

Cuéntanos un poco de cada una de las siete reinas que protagonizan la obra. ¿Qué tienen en común, además de haber sido muy poderosas en un mundo eminentemente masculino?
Las 7 reinas, son reinas gobernantes, es decir, no consortes y esposas de rey. Ellas detentan el poder absoluto y se enfrentan a un mundo creado por hombres, en el que tienen que sobrevivir, no sólo como reinas sino también como mujeres. María Estuardo, cuestionada por su concepto de la libertad. Catalina, la Grande, vilipendiada por tener amantes, al igual que los reyes. Cristina de Suecia, censurada por su homosexualidad. Isabel la Católica, sola ante el reto de unir una nación. Juana, la loca, a quién su padre inhabilitó para que no reinase, por ser mujer. Isabel II de España, por quien hubo que cambiar una ley para que reinara y que supuso una guerra. O Elizabeth I de Inglaterra, asediada por no querer tener ni esposo ni descendencia. Todas, con sus errores y virtudes, fueron luchadoras que pretendían la igualdad. Ser gobernantes sin que se enjuiciara su labor por su sexo.

En una época en la que actores y actrices transexuales reclaman que deben ser ellos y ellas los encargados de dar vida a personajes transexuales tú utilizas a actores hombres para representar la vida de siete mujeres. ¿Por qué? ¿Cuál es el objetivo?
Yo creo que los actores y actrices no tenemos sexo. Somos intérpretes y podemos hacer cualquier tipo de papel, sin importar el género. El teatro es el espacio más equitativo e igualitario que conozco. Yo sólo pretendo que los hombres que dan vida a estas mujeres se acerquen desde su masculinidad, sin disfraz, a la realidad de estas reinas; que conozcamos más de cerca su condición. No creo que haya que reivindicar nada. Las mujeres han hecho de hombres en el teatro y los hombres de mujeres. Los actores “trans” tienen las mismas oportunidades y no creo que por serlo deban solo ejercer dichos roles. Me parecería una discriminación muy básica y repito que el teatro no discrimina.

¿Vais a introducir algún cambio en la obra respecto a la que estrenasteis en 2011?
Sí, hay cambios en el reparto. También en el espacio y la escenografía. Pero, básicamente, respetamos el montaje original. 

En 7 Reinas hay música en directo, versiones de The Beatles, David Bowie, Leonard Cohen o Mike Oldfield. La música es una constante en muchas de tus obras. ¿Con qué intención la introduces en tus montajes?
La música para mí es un elemento imprescindible en el teatro. Crea ambiente, subraya, introduce y tiene su propio diálogo y monólogo. El espectador sabe que el lenguaje de la música es universal y dónde no llegan las palabras, llega la música.

El tono humorístico es otra característica que se repite en muchas de tus creaciones. Es fundamental, por ejemplo, en tus Cuentos políticos, donde estiras los estereotipos hasta la parodia para que el espectador pueda reírse a gusto de si mismo. ¿Es catártica la risa? ¿Es una herramienta útil para mirar y entender el mundo?  
La comedia es la mejor manera de hacer crítica social y política. Te aleja del dramatismo y del melodrama que muchas veces nosotros mismos montamos sobre cualquier tema. La risa es sanadora y el humor te hace distanciarte de los problemas, verlos desde otro prisma. 

Y una particularidad más, el trasfondo histórico. En La invasión de los bárbaros viajamos a la época franquista, en Shakespeare en Berlín a la Alemania Nazi, en Matar al rey a la Castilla de Enrique IV, en Las rameras de Shakespeare al Londres de 1620, Susan y el diablo gira en torno a los asesinatos cometidos por la banda de Charles Manson a finales de los años 60… ¿Por qué miras tanto al pasado?
Yo no miro al pasado. Miro al presente desde el pasado. Y no hemos cambiado nada. Cometemos los mismos errores y actuamos y nos movemos por los mismos valores. Creo que si muestras el presente tal como es, el público lo ve cotidiano y no le impacta tanto. Si utilizas el pasado para hablar de lo que pasa hoy en día, le invitas a descubrir las analogías y es más fácil que reflexione sobre su presente. Creo que es un ejercicio mucho más efectivo. 

Por cierto, en la pregunta anterior aparece Shakespeare dos veces. ¿Qué es Shakespeare para el teatro? ¿Y para ti?
Shakespeare es el creador del teatro como lo conocemos. El auténtico creador de personajes con alma y de tramas. Para mí, es el maestro. 

Diez años lleva la Sala Russafa ofreciendo teatro de alta calidad en un barrio al que le hacía falta algo más que restaurantes, tiendas chic y algunas galerías que se han ido dando el relevo. Nacisteis en 2011 con los últimos coletazos de la crisis inmobiliaria y celebráis la década afrontando una situación sin precedentes a causa de la pandemia del coronavirus. Eso sumado a la precariedad sistémica con la que baila la cultura desde siempre. ¿Cómo lo estáis afrontando? ¿Qué valoración haces de estos últimos diez años?
Han sido diez años muy duros. Dos crisis muy grandes y una apuesta muy arriesgada. Pero el balance es muy positivo. Hemos creado un espacio en Valencia con mucha repercusión. Un teatro, una escuela y un espacio multicultural que ha traspasado las fronteras de nuestra ciudad. Aunque los tiempos sean difíciles y la economía apriete, creo que el proyecto ha valido la pena y seguimos con la misma ilusión que el primer día.

¿Puedes adelantarnos cuál será tu próxima creación? ¿Qué nos tienes preparado?
Estoy preparando un montaje para la compañía Noir sobre un texto de Rosa López titulado Bajo el polvo,  que se estrenará en mayo en Sala Russafa y que pertenece al género negro. Al mismo tiempo, estoy escribiendo el montaje con el que celebraremos los 25 años de nuestra compañía, Arden, y que cerrará el círculo de la obra con la que nacimos hace 25 años, La Estancia.

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