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«La exposición al mal existe desde siempre en la literatura»

Me concede una entrevista el escritor Julio César Cano (1965, Capellades, Barcelona), quien acaba de publicar una nueva entrega de la serie de novelas protagonizadas por el Inspector Monfort. En este caso, Flores muertas (Maeva). Cano empezó a escribir después de trabajar durante años como músico y mánager de grupos. Es conocido, sobre todo, por su serie del emblemático inspector Monfort, ambientada en Castellón, donde el autor vive actualmente con su familia. Flores muertas es el cuarto caso, que sigue a Asesinato en la plaza de la Farola, Mañana, si Dios y el diablo quieren y Ojalá estuvieras aquí. GINÉS J. VERA

En la portada de Flores muertas vemos la fachada del edificio de Correos de Castellón. Me gustaría saber si la ha elegido (o la han elegido por Ud.) más allá de que haya una interesante escena en la que contemplando esta fachada, Monfort explica el origen de la expresión «permanecer en sus trece».
Decidimos de mutuo acuerdo que la portada fuera el edificio de Correos de Castellón por cosas que suceden en la novela. No es solo una imagen, tampoco es solo porque ocurra la escena que comentaba en la pregunta. El edificio de Correos, en este libro, es mucho más que eso, es casi un personaje más de la novela, el testigo mudo de casi todo lo que sucede en ella. No puedo explicar mucho más sin desvelar parte de los sucesos pero tengo claro que tras leer Flores muertas, los lectores que pasen junto a este edificio (exportable a todas las oficinas centrales de correos del país), creerán ver aparecer a alguno de los personajes que se citan en la novela.

La expresión, por cierto, tiene a su vez relación con un Papa y el castellonense municipio de Peñíscola.
En cuanto a este pequeño apunte sobre Peñíscola diré que también es un lugar destacable en la novela, pero no puedo desvelar más sin traicionar a los que todavía no la hayan leído.

Se conjugan en contrapunto varias subtramas, espaciadas en el tiempo, que convergen. La que nos abre en los años 80 es bastante estremecedora y desasosegante. Me preguntaba por su opinión acerca de que además de la violencia real que nos asalta en los medios de comunicación, los autores de ficción negra añadan un poco más, ¿no acabará afectándonos como lectores tanta exposición al mal?
La trama que sucede en los años ochenta es verdaderamente estremecedora. Está, además, escrita en primera persona, lo cual fue un trabajo duro al ponerme en la piel de alguien de semejante calaña, pero también le diré que me siento muy orgulloso de esta parte de la novela. Creo que es de lo mejor del libro. Los sucesos propiciados por este personaje son sorpresivos a la vez que durísimos, pero la vida, desgraciadamente, está repleta de casos que superan con creces la ficción. El adolescente protagonista de esta subtrama no es diferente a otras personas que han cometido delitos similares en la realidad, como por ejemplo el asesino de la catana, por citar alguno. La exposición al mal existe desde siempre en la literatura. Los lectores son inteligentes, no creo que les afecte más o menos que escribamos sobre ello, al fin y al cabo siempre que escribimos sobre estos temas nos llegan noticias de algún caso real que supera en gran medida aquellos que los escritores de novela negra plasmamos en el papel.

Hallamos así mismo a un personaje que tampoco le habrá costado perfilar. Me refiero a Gustavo Seguí, un escritor de novelas, al que vemos firmando ejemplares en la Feria del Libro de Castellón, y que ha conseguido más adeptos gracias a un premio literario de la Comunidad Valenciana. ¿Pura coincidencia entre aquel y Ud.? Como escritor ¿qué es más difícil de hacer ver al lector si el personaje es a su vez otro escritor?
Si me lo permite le llevare la contraria en este aspecto. Sí que me ha costado perfilar el personaje de Gustavo Seguí; es un escritor premiado por su primera y única novela, pero se trata de un libro maldito para él. Gustavo Seguí es una persona atormentada desde mucho antes de escribir el libro, es un personaje asolado por las drogas, un enfermo, un alma en pena que transita por la vida esperando que le llegue su final o bien el final de aquellos a los que teme.
No hay ninguna coincidencia entre él y yo, nada está más alejado de la literatura que los sucesos que llevan a Seguí a escribir su libro. Escribir sobre escritores tiene su gracia. Tampoco lo había hecho hasta ahora, pero repito, Gustavo Seguí tiene poco de escritor en esta novela, aunque prefiero que sean los lectores los que descubran sus verdaderas razones.

Hace poco ha vuelto a las librerías un personaje literario, un detective patrio, que pareció morir con su creador, ese gran escritor catalán de apellido que rima con este gentilicio. Lejos de hacer el chiste fácil con los no muertos, vampiros, Dracula, Bella Lugosi (y su relación con Flores muertas), haría hincapié en la evolución ‘natural’ de los personajes alrededor de Monfort. Ello incluye la muerte y la cruda enfermedad: la demencia de Ignacio Monfort. ¿No es esto, al fin y al cabo, otro rasgo de verosimilitud asociado con la novela negra (social) contemporánea?
La cotidianeidad, a veces poco valorada en la literatura, es una parte importantísima que trato de cuidar con verdadera entrega. Escribí la primera novela del inspector Monfort (Asesinato en la plaza de la farola) en el año 2009 y se publicó un año después en una editorial de San Sebastián. En el año 2015 Ediciones Maeva se hizo con los derechos de edición de esa primera novela y la publicó a junto a la segunda (Mañana, si Dios y el diablo quieren). En el 2017 apareció Ojalá estuvieras aquí y ahora en 2019 Flores muertas. Los personajes principales siguen siendo los mismos (Monfort, Silvia Redó, el comisario Romerale, etc.), cada novela se puede leer por separado, con la intención de que los lectores no tengan que leerse los libros empezando por el primero, pero los personajes tienen vida, son reales ya, viven, sufren, aman, lloran, comen, beben y, sobre todo, envejecen, para bien y para mal. Son una gran familia que habita en mi cabeza y en la de los lectores. Para que sean tan de verdad como yo los siento deben ponerse enfermos, curarse, conocer el amor y también sentirse desengañados a veces, traicionados, ignorados. Deben tropezar, caerse y volverse a levantar. A veces los amo, otras todo lo contrario. Están vivos y caminan hacia adelante en busca de la quinta aventura del inspector Monfort. De momento, espero que disfruten de esa evolución natural con Flores muertas.

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