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ENTREVISTA: JAVIER NAVARRO

Javier Navarro (Valencia, 1969). Doctor en Historia y profesor de la Universitat de València, ha investigado sobre el anarquismo, la Segunda República y la Guerra Civil, entre otros temas. Escritor de relatos, algunos de ellos premiados, es integrante de LAB, asociación de escritores de Ruzafa, y ha participado en las antologías Imprevisualizaciones (2013) y Once cámaras acorazadas (2015). Tableaux Vivants (Ediciones Contrabando, 2015) es su primer libro de cuentos en solitario.

Lo primero que me ha llamado la atención de este libro, quizá por obvio, ha sido la imagen de la portada. Ese Fading Away de Henry Peach Robinson. ¿Se eligió a medias con la editorial? ¿Qué motivó escogerla para este Tableaux Vivants?
No. La escogí yo. Siempre me han fascinado los Tableaux Vivants como práctica y expresión cultural (ya perdida), muy de moda entre finales del siglo XIX y principios del XX, y a medias entre el teatro, la pintura y la recién estrenada (por entonces) fotografía. Precisamente Henry Peach Robinson, un fotógrafo victoriano pictorialista y autor de esta Fading away (1858), cuidaba al detalle sus montajes, que tenían mucho de teatral y de pinturas vivas, con personas posando como en auténticos cuadros. Esta fotografía suya en concreto siempre me ha fascinado, por la luz, el color, la atmósfera que evoca y el juego entre los personajes alrededor de la protagonista, recreando un tema romántico por excelencia: la muerte de la joven tísica.

Hay un estilo cuidado, lo he notado especialmente en el lenguaje, en la forma, en las frases cortas, certeras, una apuesta fuerte por los narradores protagonistas, ¿no es así?
Sí, eso intento. El estilo lo es todo (o casi todo) en literatura, incluso cuando se busca  premeditadamente su ausencia.  Me preocupa en especial la concisión, la precisión en la búsqueda de la palabra exacta (el mot juste), que es (o debe ser) la tarea principal del escritor, con podas sucesivas que eliminen lo superfluo. Intento evitar una cierta autocomplacencia en la escritura, el dejarse llevar en ese sentido.
La apuesta por el narrador protagonista creo que es una herencia de la tradición de la literatura fantástica, desde el siglo XIX (Hoffmann, Poe, Maupassant, las ghost stories, etc) y hasta Borges y Cortázar. La incertidumbre, la inquietud, la extrañeza en lo cotidiano, se suelen instalar más fácilmente en la mente de los protagonistas, a la vez que su realidad cotidiana se vuelve menos familiar y, poco a poco, se resquebraja.

Entrando más de lleno en las historias hay varios elementos que he querido ver, y digo ver con doble sentido, aprecio una introversión, cierto voyerismo casi como si se le presentara una obra de teatro a un lector espectador.
Claro. Por eso creo que la idea del tableau vivant (actividad efectivamente voyeur por excelencia, y más allá de que sea el título del último de los relatos) está de alguna manera presente en todos ellos. Casi todos los protagonistas experimentan una contemplación, una cierta visión, que acaba por fascinarles  y que, un poco a la manera de Hoffmann, revela también su propio abismo, su fragilidad interna.

Los secretos también están muy presentes en estas diez historias, secretos y un elemento perturbador deslizado para que anide en la conciencia del lector que observa y calla.
En estos relatos está presente la memoria, que es un tema que me obsesiona, lo cual no deja de dar pistas sobre mi otra ocupación (y profesión), la de historiador. Sin memoria no hay identidad. Y en la memoria, en el recuerdo, anida siempre un secreto, que tiene casi un carácter fundacional en nuestra identidad.

El arte de la escritura también palpita en al menos dos relatos, en la protagonista de Intruso y en los de La habitación verde. ¿Es en cierto modo un recurso apetecible para todo autor que gesta historias?
Por supuesto. Escribir es un acto inquietante. Que me perturba. ¿Cómo no iba a estar presente en estos relatos?

Si antes hablaba del tono que comparten estos diez relatos, al menos uno se me antoja un poco díscolo, me refiero a El mejor despertar, ¿coincidimos en ello?
Otro de los grandes temas -quizás “el tema”-, de estos relatos, es la muerte, que está presente en todas las historias. Pero pretendía también una aproximación humorística, irreverente, a ella. El fantástico tiene muchos palos y el humor macabro es uno de ellos. Este relato pretendía ser un homenaje a quienes lo han cultivado con mayor acierto, como es el caso, en mi opinión, de Ambrose Bierce, entre otros.

Me gustaría saber cuál es el origen de estos diez relatos, si fueron escritos ex profeso para este libro o tuvieron un recorrido previo, se han avenido a este proyecto desde otros púlpitos.  Al ver las extensiones de los relatos de Tableaux Vivants me llama la atención dos, La habitación verde y Un lugar adecuado más largos que el resto.
Los relatos tuvieron un recorrido previo y los seleccioné después para esta antología, donde, como decía antes, hay muchos hilos conductores. Si de algo estoy contento con este volumen es, precisamente, la variedad de registros que están presentes en los relatos. El común denominador es quizá la inquietud, la perturbación, el elemento fantástico o diferente, no familiar, que se introduce en lo cotidiano. Pero a partir de ahí he tratado de que las aproximaciones y los enfoques fueran diferentes, también el tema, la extensión, etc., porque cada historia merecía un tratamiento distinto. La habitación verde bebe tal vez más de la tradición del relato fantástico clásico. Un lugar adecuado es un juego quizás más complejo en torno al recuerdo y el engaño de la nostalgia, con un aire onírico y surrealista que, he de confesarlo, me divertía.

GINÉS VERA

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