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«El espectador es más inteligente que cualquiera de nosotros, que lo estamos sobreprotegiendo»

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El barco, Vis a vis, La casa de papel… basta mencionar estos títulos para que al lector le salte a la memoria el recuerdo de algunos de los éxitos más sonados de la ficción televisiva de nuestro país de los últimos años. Pues bien, en la trastienda creativa de todos estos éxitos de la televisión se encuentra, compartiendo el mérito creativo, la guionista y show runner Esther Martínez Lobato. Junto a su pareja (en la vida y creativa), el también guionista Alex Pina, Esther ha sido la fundadora de la empresa Vancouver Media con al que ha puesto en marcha, junto a algunos de estos títulos, la serie de Movistar+, El embarcadero. Rodada en buena parte en localizaciones valencianas, la serie mezcla drama y thriller para narrarnos la historia de dos mujeres, Alejandra y Verónica, unidas por la fatal muerte de su pareja sentimental. El problema, como muchos de los espectadores ya sabrán a estas alturas, es que esa pareja es, en ambos casos, el mismo hombre, Óscar. La inexplicable muerte de Óscar unirá a dos mujeres muy diferentes. Alejandra, una arquitecta ligada a las convenciones y a una vida organizada, y Verónica, una mujer que vive, en el lado opuesto, muy alejada de ellas. Ambas emprenden aquí un complicado viaje por descubrir qué le ha sucedido al amor de su vida, sin saber que, quizá, el mayor descubrimiento pasaba por ellas mismas, por quiénes son. Con motivo del estreno de la segunda temporada de El embarcadero el próximo 17 de enero, hablábamos con Martínez Lobato de la serie, de la industria y del papel de los escritores en esta nueva etapa en la que las plataformas digitales han irrumpido con fuerza frente a la televisión tradicional. Ella nos dijo que no era mucho de hablar en público, que lo suyo era más lo del silencio y la intimidad de la escritura, pero, como demuestra en la entrevista, se le da bastante bien.

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Imagino que ya contaste muchas cosas sobre la serie cuando se estrenó la primera temporada en su momento, pero si tuvieras que hacernos ahora un breve pitching o presentación sobre esta segunda etapa que se estrena, ¿qué nos contarías? 
Pues, con respecto a la anterior temporada, yo creo que en esta explotan varias bombas. En la primera temporada se estuvieron cocinando las bombas y en esta se extreman y explotan. Cada personaje se sitúa en las antípodas de donde ha empezado la serie y, aunque la segunda parte es continuista, porque la cogemos exactamente en el mismo punto en el que los dejamos, sus arcos y sus emociones se extreman de tal manera que van a llegar a lugares sorprendentes y muy inesperados con respecto del lugar donde nacieron.

La serie parte de un hecho que es catalizador, la misteriosa muerte de Óscar, marido de una de las protagonistas y amante de la otra, pero poco a poco este misterio parece que se va alejando del centro del relato para dejar paso a una reflexión: cómo un hecho fortuito puede empujarnos y animarnos a analizar quienes somos realmente. No sé si esto era un punto de partida o es algo que se ha ido desarrollando con el tiempo. 
A mí me encanta que la gente razone acerca de las series porque una de las cosas maravillosas que hay de contar una historia es que la gente la reciba y haga sus cábalas acerca de ella. La serie nació con una idea original de, efectivamente, agitar un poco el avispero de ese tipo de historias de los triángulos amorosos donde solemos ser, por cultura, por educación o porque estamos así amueblados en occidente, muy parciales. Queríamos ponernos en un lado imparcial donde poder explicar si es posible querer a varias personas a la vez o si hay ciertos lugares de libertad donde realmente sea posible. No una historia de cuernos ni de traiciones, sino un triángulo amoroso donde todas las partes implicadas van a sentir un amor honesto. Ese era el principal objetivo de la serie. Otro elemento, ya casi de línea editorial de Vancouver [su empresa productora con la que ha diseñado la serie], es coger vidas y personajes que oscilen siempre en un terreno de sombras entre el bien y el mal, entre lo que se juzga como conveniente e inconveniente, entre el angelito y el diablo, entre lo que es políticamente correcto y lo que no lo es, entre las pasiones que ocultamos y las que mostramos. Cada uno de los personajes (y esta serie es así) es muy polar o bipolar, como lo quieras llamar (risas). Todos tienen un lado muy luminoso y otro muy oscuro que conviven muy bien. Y que no por ser oscuro o luminoso son condenables o no lo son, sino que, desde el punto de vista del espectador, ambos son interesantes, y desde el punto de vista psicológico, ambos son humanos.

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Pensando en los personajes protagonistas, Alejandra y Verónica, son como las dos caras de una misma moneda que, de alguna forma, se confrontan y se contrastan entre sí, y al contrastarse se ponen en juego sus valores. Al principio, el personaje de Alejandra parece más conservador y el de Verónica más atrevido o salvaje, sin embargo, ambos se van influyendo mutuamente.
Sí, se van mezclando, se van complementando y en esta segunda temporada se van girando. Yo creo que una de las cosas chulas o que a mí me gustó mucho hacer en la primera temporada fue el cambio de foco al final, en el capítulo ocho. La mirada de la primera temporada es siempre la del personaje de Alejandra, que puede ser el más cercano, con el que nos podemos identificar. Y, a través de su mirada, vamos entrando en un mundo con otras percepciones, en el mundo de Verónica. Finalmente, en el capítulo ocho, el foco cambia y miramos desde los ojos de Verónica. De alguna manera, en el comienzo de la segunda temporada se va a mantener ahí, con el foco en la mirada de las dos mujeres, y vamos a hacer girar a los dos personajes hacia un lugar que, como te decía antes, está en las antípodas de donde nacieron. Por eso esta complementación. Las dos han aprendido y vamos a llevarlas para que hagan el viaje completo, para que cada una entienda el lugar en el que estaba la otra.

La serie cuestiona ciertos roles en las relaciones sexuales. Siempre se ha remarcado la capacidad que tiene la televisión a la hora de influir en nuestros hábitos de conducta, ya sea social o cultural. ¿Cuál es tu postura al respecto? En ese sentido, ¿cómo ves la televisión y esta serie en particular?
Para nosotros fue un gustazo trabajar con Movistar y Antena [Atresmedia] de una manera super-libre en la que en ningún momento se cuestionó cuál era la línea editorial de la serie, o cuál era el contenido y hasta dónde nos íbamos a mojar y a meter. Es una serie que vive de esa libertad, en la que los parámetros que se han establecido desde la primera temporada son de su propio microcosmos. Con esto te quiero decir que no estamos intentando hacer un llamamiento social ni mucho menos, sino que estas dos mujeres se sienten de esa manera y deciden cruzar los puentes que deciden cruzar. Yo creo que es ahí donde las series pueden ser honestas, en generar contenidos propios, diferentes, con mundos de ficción construidos donde tenga sentido todo lo que quieras contar sin intentar hacer bandera y sin intentar hacer otro tipo de género, ni un documental ni un (risas) reportaje ni agitar socialmente nada, solo ser honestos con la propia historia. Al final, es ficción y yo creo que la honestidad debe de estar en la creación de ese mundo de ficción. Por otra parte, creo que el espectador está preparado para ver eso y más. Sobre todo, las nuevas generaciones, que van muy por delante y tienen muchas cosas que enseñarnos acerca de la libertad y la transigencia, y sobre mirar la libertad sexual del individuo de una forma más generosa. Gracias a las plataformas y al nivel abrumador de contenidos que hay, tanto en su calidad como en la cuantía de ellos, creo que ahora mismo hay espacio para que se cuenten las cosas de maneras muy diferentes y muy ricas. Yo creo que, en la ficción, en las series, los proyectos dialogan entre ellos y el espectador elige por primera vez lo que ve. Ahora el espectador es dueño, de manera muchísimo más libre que hace dos o tres años, de ver el contenido que quiera. Yo creo que estamos más al servicio de lo que quiere el espectador que en ningún momento previo de la trayectoria de la ficción, por lo menos en este país.

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Si lo comparamos con otro tipo de trabajos audiovisuales que pueden ser más personales, yo creo que puede ser una pregunta menos común, pero, en este tipo de ficción televisada, ¿qué hay de ti o que podemos encontrar de ti en los personajes que construyes, ya sea en esta serie o en otras en cuya gestación has participado? 
Pues, si vas a esa pregunta voy a resultar una persona super-bipolar (risas) porque realmente el trabajo del guionista consiste en ponerse en la piel de personas que uno no es. Consiste en argumentar sobre cosas en las que no crees, consiste en defender de la mejor manera posible personajes tan extremos como puede ser un Berlín [personaje de La casa de Papel], con esa mirada turbia acerca de muchas cuestiones, y hacerlo con gracia, y luego ponerte en la piel de un personaje como Alejandra, que es una mujer que puede ser super-identificable socialmente porque es una mujer actual, con trabajo, no es una mosquita muerta ni una mojigata de hace veinticinco años. ¿Qué hay de mí? Pues mi ánimo de ponerme en miradas distintas que me son ajenas y en las que puedo creer o no creer, pero que voy a defender a muerte. En una manera de escribir sobre lo que pienso de esos personajes que te salga de las entrañas y de las tripas.

Como estamos en Valencia, yo creo que toca que te pregunte sobre la cuestión porque nuestra ciudad es el fondo, el paisaje de la serie. Parece que ahora hay una tendencia en las series por buscar espacios fuera del centro, de Madrid, que era el lugar que copaba generalmente las ficciones. ¿Esto lo ves como una moda pasajera o es una tendencia que perdurará y que se ha establecido en la industria?
Yo creo que es muy bueno porque hay una sobre-abundancia de contenidos (vamos a decirlo así) y cualquier cosa que dé identidad al proyecto es muy importante. Cuando puedes integrar el entorno, como es el caso de El embarcadero, en una ciudad, en un ambiente muy concreto o en una cultura, la serie crece. Es como cuando metes las madalenas al horno, crecen porque están en las condiciones inmejorables para que se den las circunstancias de la serie. Hace años había una tendencia a que las series fueran muy cosmopolitas, generadas en ciudades muy grandes. Se ponía, por ejemplo, Madrid o Barcelona o Nueva York por una cuestión aspiracional que hacía que el espectador mirara y se asomara a esos centros urbanos tan llenos de vida y tan visualmente atractivos. Pero yo creo que, finalmente, las grandes ciudades y los grandes entornos se han uniformado y la identidad que tiene un lugar, tal vez más pequeño, pero que tiene otros contrastes, te da otras posibilidades. En el caso de Valencia, tenía el contraste perfecto. Teníamos una historia donde se van a señalar los dos polos de una misma persona. ¿Cómo puede reflejarse esto? Pues en una ciudad que tuviera las dos cosas. La serie siempre la pensamos sobre ese paradigma. Teníamos la parte horizontal, que es la parte de La Albufera, la parte en la que está el personaje de Verónica. Es la parte en la que están los instintos, la belleza de las puestas de sol y la tranquilidad de la parte más animal, casi ancestral, del ser humano y de los sentidos y las sensibilidades. Y luego tenemos una parte vertical, que era la parte de la ciudad, de los edificios en altura, donde hay un personaje que es Alejandra, que construye edificios, donde todo está ordenado y la gente mira por los cristales cómo pasa la vida. En este caso, era fundamental para la identidad de la serie encontrar un lugar que tuviera ambos elementos.

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¿Cómo te condiciona ese espacio a la hora de plantear un proyecto como este? ¿Qué es antes? ¿La idea condiciona el espacio en el que se desarrolla o es el espacio el que modela la idea? ¿O suceden ambas cosas al a vez?
Pues en este proyecto iba totalmente amalgamado porque tenía un sentido profundo dentro de la historia. Era una cosa que no se podía contar sin ese espacio o que se habría contado peor. El embarcadero tiene una parte narrativa, de la que hemos hablado, pero la parte visual también tiene muchísimo trabajo por parte de los creativos que estuvimos haciéndola. Desde los directores, Jesús Colmenar, Alex Rodrigo, Jorge Dorado y Eduardo Chapero-Jackson, la búsqueda de espacios y de entornos era un trabajo que requirió de una planificación muy medida y que se convirtió en uno de los temas de todas las reuniones. En este caso, iban totalmente parejos. En otros proyectos no te sé decir… Por ejemplo, en Vis a vis había que diseñar la cárcel de la misma manera que aquí se buscó el entorno de Valencia.

La serie ya se inscribe dentro de los nuevos formatos de ficción que están desarrollando, sobre todo, las plataformas digitales. Me refiero a la duración de los capítulos o en cómo se diseñan las temporadas. Sin embargo, para mí tiene elementos de la soup ópera o del folletín tradicional. Para ti, ¿cómo han cambiado las plataformas y estas nuevas maneras de distribución la forma de concebir la ficción televisiva?
Pues para nosotros ha cambiado muy positivamente porque ahora puedes ver el capítulo cuando te apetezca, cuando quieras, y no estamos tan lastrados por tener un giro de final de capítulo, otro a mitad para la publicidad, o ya no estamos obligados a empezar cada capítulo con una especie de resumen para volver a ubicar a los personajes. Yo creo que está cambiando muchísimo la forma en cómo se están concibiendo las series. Está cambiando el minutaje [la duración] de las mismas, pero también está cambiando cómo se conciben capítulo a capítulo y toda la serie en horizontal. Ahora nosotros esperamos que un espectador pueda ver los capítulos, bien seguidos, o incluso que los pueda detener a mitad (risas) o a los cinco minutos de empezar y seguir viéndolo al día siguiente. Esto nos lleva a que las estructuras narrativas con las que trabajábamos antes se han quedado obsoletas, ya no sirven. Por una parte, somos más libres en la narrativa. Y por otra también es un poco más puñetero porque tienes que estar alerta constantemente. Ahora tienes que tener en cuenta que el espectador te puede cortar un capítulo en el minuto quince y querer volver mañana, y tienes que poder ofrecer la posibilidad de continuar con ese viaje sin que se pierda nada. Darle la sensación de que no tiene que volver para atrás para retomar el capítulo o que no tiene que avanzar hacia delante para que ocurra algo que le parezca estimulante.

La serie se basa, dentro del género en el que se inscribe, en un juego constante de coincidencias entre los personajes. Un juego que a veces se lleva hasta el límite de lo verosímil. ¿Cómo te planteas esos límites de la ficción o de la verosimilitud a la hora de afrontar una serie como El embarcadero? Lo digo porque la tendencia actual es a crear ficciones que buscan el realismo. Frente a esto, tenemos una serie como esta que juega en esos límites que, sin embargo, siguen funcionando y encuentran la aceptación del espectador. 
Creo que hay que generar un mundo. El embarcadero tiene su mundo, La casa de papel tiene su mundo, Vis a vis tiene su mundo, y la serie que estamos rodando ahora mismo tiene un mundo muy concreto. El espectador que entra en la serie acepta el paradigma, las normas y las claves de ese universo. Dentro de esas claves, de ese universo, nosotros vamos a intentar divertirle, hacerle algunas preguntas (risas), cuestionarle algunas cosas e intentar llevarlo a un viaje con personajes que le van a sorprender, que están girando constantemente para que nada de lo que pueda prever sea lo que finalmente sucede. Se trata de establecer las reglas del juego. Creo que para ser osados y ser entretenidos a la vez, hay que saltarse la cruda realidad, por así decirlo. Yo creo que el espectador entiende perfectamente cuándo se haya ante un producto de ficción y qué claves son las que puede aplicar a su moral, o en lo que aprende o en las cuestiones que se plantean, o cuales están simplemente entregadas al entretenimiento puro y duro o más lúdico.

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Con respecto a la aparición de las plataformas y todos los canales en abierto que existen actualmente y, con ello, todo el material al que puede acceder el espectador, quería preguntarte, ¿cómo afecta ese fraccionamiento, esa segmentación tan radical de la audiencia a la hora de concebir las series?
Sí, ese fraccionamiento de la audiencia nos ha afectado toda la vida y la verdad es que es una losa bastante dura porque,cuando generas una historia, cuando imaginas una historia es un poco como la pescadilla que se muerde la cola. Bueno, yo hablo en pasado (risas) porque, desde que estamos en Netflix este problema no lo tenemos tanto. Como te decía, yo creo que también es un problema de honestidad. Las cadenas, las productoras, los productores buscan proyectos diferenciales, originales, y cuando lo tenían entre manos (a mí esto me ha pasado), te decían: “vale, pero ahora tienes que meter aquí a un abuelo porque esto lo tiene que ver la gente mayor”. “Oye, que aquí no hay niños, mete a unos niños”. Entonces, ese producto original, genuino, se desvirtuaba. Nosotros, la primera vez que fuimos muy macarras con esto (gracias a que apostaron por nosotros y nos dejaron hacerlo) fue con Vis a vis, donde dijimos: “se acabó ser complacientes con esto, vamos a hacer un producto genuino para adultos y duro en cuanto a violencia”. Nuestra gran sorpresa fue la acogida del público. Pero no solo la acogida del público al que iba dirigido, sino la acogida del público global: gente mayor, gente muy muy mayor, y niños, te hablo de diez u once años, que veían la serie. Algunas personas me comentaban que, en los momentos de violencia, se iban a la cocina a por un yogurt, pero no quitaban la tele. O sea, que había cierto morbo. Con esto nos dimos cuenta de que el espectador, la audiencia era mucho más lista de lo que nosotros estábamos valorando y que reciben contenidos sin los pudores que tenemos los creadores o el cuidado extremo que tenían por aquel entonces las cadenas (o que tal vez lo sigan teniendo en abierto, no lo sé). Yo creo que esto ya está cayéndose por su propio peso. Las plataformas están demostrando que las audiencias a las que estábamos acostumbrados a proteger no necesitan de esa protección, y buscan contenidos que les estimulen de manera lúdica, intelectual, contándole algo en lo que no se vea la mano del miedo. Yo creo que el espectador manda y muchas veces es más inteligente que cualquiera de nosotros, que lo estamos sobreprotegiendo.

En ese sentido, ¿crees que ha cambiado la dirección del que impone el producto? ¿Antes era del productor al espectador y ahora es más del espectador hacia el que produce? 
El espectador es el que demanda, el espectador es el que consume. Además, tiene un poder salvaje porque consume televisión en el teléfono móvil, por ejemplo. El espectador consume televisión de una manera super-despiadada porque, como una serie no le enamore, o no le estimule o no le divierta en diez, quince o veinte minutos, se acabó. Ahora la tendencia también es a hacer formatos muchos más cortos. Nosotros en España hemos pasado, en muy poco tiempo, de los setenta minutos (que se te iban a noventa con publicidad), a que estemos haciendo una serie en la que el metraje iba a ser de treinta minutos y ya nos están pidiendo que sean veintidós. Para nosotros es muy complicado amueblar nuestra cabeza y poder contar en veintidós minutos lo que antes contábamos en cincuenta o en setenta. Es muy duro, es muy estimulante, pero ahí nos está diciendo quién manda. Manda el espectador porque, como no estés a la altura, no hay tregua.

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Se dice que, sobre todo en Estados Unidos, el guionista ha cobrado un gran protagonismo en la industria. No sé si, ya con algunos éxitos comerciales a tus espaldas, es tu caso, pero, ¿crees que los guionistas han ganado ese peso dentro de la industria audiovisual en España?
Sí, no sé quién lo ha hecho. No sé si ha sido gracias a Netflix, que ha ido buscando creativos por el mundo, o que se han invertido las tornas. Mi experiencia personal es que ahora la gente busca al creativo. Busca al creativo y busca la historia. A los guionistas se nos cita para hacernos entrevistas y para ir a estrenos, cuando antes el guionista era un señor friki con gafas que escribía en su casa y nadie le conocía en el plató. Ahora mismo, se le requiere. A mí me parece que eso habla muy bien de la audiencia, del espectador, que se interesa por saber a quién se le ha ocurrido la idea de la serie. Hemos ido por diferentes periodos. Antes, lo más importante era el actor, la cara. El público se volvía loco con los actores y casi identificaba al actor con los personajes. Luego, los directores, sobre todo en el cine; esas mentes maravillosas que nos hacían viajar con las películas. Y ahora estamos en una era en la que la audiencia busca saber a quién se le ocurrió la idea, quien lo escribe, que a mí me parece una maravilla porque eso te dice que está interesada en la propia literatura de la serie, si se puede llamar así. Ahora la narrativa literaria de lo audiovisual tiene peso y a mí me parece muy estimulante.

Eres autora o coautora de series como El embarcadero, La casa de papel… Tu nombre ya está asociado a muchos proyectos exitosos. Para acabar, quería preguntarte, ¿qué ha supuesto para ti este éxito, tanto en lo personal, como en lo profesional? Supongo que te ha ido bien (risas). 
Bueno, en lo personal la verdad es que muy bien porque es muy estimulante. Por una parte, un ochenta por ciento de las emociones es gratitud. Gratitud a gente desconocida que, desde todas partes, te dan su apoyo o que, como te decía, quieren conocer al escritor. Por otra parte, personalmente soy muy cauta (risas) y tiendo a dudar de lo que podríamos decir “éxito”. Creo que es muy efímero, muy fugaz y es bueno desconectar de todo eso y conectarte con el trabajo, que es lo que te ha llevado a estar donde estás. Personalmente, a mí lo que me gusta es escribir, más que explicar por qué escribo. No creo que sea muy buena hablando, por eso me gano la vida escribiendo (risas). Por una parte, se agradece muchísimo y por otra acongoja un poco. Somos escritores, somos esa banda de gente con gafas que iba casi pidiendo perdón por los rodajes y ahora, de repente, la gente nos pone el foco en la cara y nos dice, ¿qué piensas?, y dar ese salto es un poquito complicado. Pero, por otra parte, tener visibilidad es importante desde el punto de vista de una mujer profesional, porque ese es otro tramo que es una lucha todavía, y en el que ganar terreno y visibilidad, que sepan las nuevas generaciones, las niñas, en los colegios, que se pueden dedicar a algo de escribir y que pueden llegar a algún sitio, es muy motivador.

La serie acaba en esta segunda temporada… 
Sí, la serie acaba en esta segunda temporada por varios motivos. El primero es la honestidad con el proyecto de llevar a todos los personajes al extremo. Veréis el final y os daréis cuenta de que la historia acaba ahí. Y por otra parte porque también vamos a dar respuesta a todo el misterio de Óscar. El misterio se acaba y se desvela.

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