34ª edición Mostra de Valencia: Alice & Tu mérites un amour

Día 4. Y sumando. En esta ocasión, con dos producciones de corte independiente, dos proyectos concebidos al margen de los sistemas convencionales de financiación de la industria. Con Alice, la directora Josephine Mackerras nos introduce en la vida del matrimonio de clase media formado por Alice, nombre que da título a la cinta, y François. La vida de esta pareja marcha relativamente bien, hasta que todo empieza a ir rematadamente mal cuando ella descubre que todas sus cuentas corrientes están vacías. Tras una visita al banco para saber qué ha sucedido y después de espiar sus papeles, Alice descubre que François se ha gastado todos sus ahorros en prostitución de lujo. Y lo que quizá sea más grave: por culpa de todo esto, la familia ha dejado de pagar la hipoteca de la casa en la que viven, y Alice y su hijo corren el peligro de ser desahuciados. Desesperada, Alice debe encontrar una solución para sus problemas financieros, lo que la llevará precisamente a una de las casas de servicios de compañía que frecuentaba François. De esta forma, una serie de peripecias la empujarán a ejercer la profesión más antigua del mundo en un entorno de alto standing. Pero lejos de ver todo esto como una derrota, la nueva profesión de Alice le proporcionará, no solo la libertad económica que necesita, sino su libertad personal.

Alice surge del empeño de la directora Josephine Mackerras de producir por sí misma su ópera prima. “Ella me envió el guion, lo leí y vi que era un tema de actualidad, y acepté ser la directora de producción”, contaba en la sesión de ayer en los Babel Eugénie Gressier, quien haría estas funciones para Mackerras en su debut en el largometraje. Tras estos primeros contactos entre ellas, Gressier se puso a buscar el equipo técnico con el que desarrollar el proyecto. Las limitadas condiciones de financiación, no afectarían, sin embargo, a un resultado cuya carencia apenas se nota en la pantalla. “Lo cierto es que teníamos un presupuesto reducidísimo para la filmación y lo que hice fue ponerme en contacto con un equipo de rodaje que había conocido en la escuela y con quien tenía un lazo casi familiar. El director de fotografía, por ejemplo, se las ingenió para hacer el rodaje con solo dos focos de luz. Y los actores se comportaron de forma realmente grandiosa en condiciones muy duras de rodaje, especialmente los dos protagonistas, que nos hicieron soñar”, comentaba Gressier.

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La elección del dúo de actores protagonistas condicionaría un trabajo que pone en ellos buena parte del sentido y las intenciones de la trama. “En un principio, la actriz seleccionada como protagonista no era Emilie [Piponnier], pero una vez Josephine conoció a Emilie dijo que tenía que ser ella porque daba el perfil de esa mujer, a la vez frágil y fuerte, que aparece en la película”, explicaba, de nuevo, Gressier. La elección del actor Martin Swabey, que interpretaría a François, supuso para el equipo otro de los aciertos de este trabajo. “Martin interpreta a un personaje de actualidad que es el perverso-narcisista. Estuvo semanas preparándose para el personaje, perdió incluso mucho peso. Martin es un actor que trabaja mucho su propio cuerpo, lo que tiene un impacto también sobre la psicología de su personaje. De hecho, en la escena en la que él se enfrenta violentamente a Alice, todo el equipo de rodaje se quedó profundamente afectado por su presencia. Pero luego terminó y dijo, bueno y ahora me tomo un café”, comenta Gressier, entre risas.

A pesar del tema que aborda, Josephine Mackerras ha querido mantener en Alice un equilibrio entre el drama que sufren los personajes y un cierto tono de comedia a fin de alejar del espectador cualquier visión excesivamente maniquea o sórdida sobre la prostitución. “Esta cinta fue creada como una mezcla de culturas porque Martin, el protagonista, es belga, yo soy francesa y Josephine es australiana. Hubo así, de entrada, una mezcla de estilos en una película en la que, además, todo el mundo metió mano”, comentaba Eugénie Gressier frente al público de La Mostra. “La película se parece a Josephine, a su carácter, porque ella tiene un lado severo y, al mismo tiempo, tiene un lado muy gracioso. Me gusta mucho que se oigan risas en la sala a pesar de que la película es un drama, pero eso se acerca a la realidad porque en la realidad la comedia y el drama también se mezclan”. Este tratamiento, afectaría igualmente a toda la planificación de la película. “Es muy importante ese sentido de sutileza que tiene la cinta y que aparece con claridad en las escenas de sexo, que más bien sugieren que muestran. Josephine se quiso apartar de ese otro tratamiento, mucho más crudo, que tiene la prostitución. Ella quiso tratarlo de una manera ligera con una cierta contención.”

En palabras de la propia Gressier, todo ello no ha evitado que la película tenga ciertos problemas de distribución. “Hay un debate ahora en Francia por ver si habría que hacer del trabajo de la prostitución una profesión regulada porque, de lo contrario, lo que aparece es esta otra prostitución que está en las aceras de la capital”, comentaba. Tras un primer pase en el festival de cine de Saint Tropez, la película todavía no ha contado con una distribución comercial en Francia, país de origen de la película, una carencia que Gressier asocia a su cualidad de producción independiente que no cuenta con el respaldo de una empresa productora al uso. “En Francia, para poderla distribuir tiene que tener un sello que indica que hay una productora. Así que, por una parte, es un problema burocrático. Y luego, es verdad que no ha circulado todavía en festivales por dos razones. La primera porque los productores franceses tienen muchas reticencias ante las películas independientes. Y, por otra parte, porque el tema sigue siendo tabú”. A pesar de contar con estas dificultades adicionales, en aquellos países en los que la cinta ha sido exhibida la acogida no ha dejado de suscitar cierta polémica entusiasta. “La cinta se ha visto, por ejemplo, en Uzbequistán, donde Emilie ganó un premio de interpretación. Y allí las reacciones eran distintas según se tratara de hombres o de mujeres. Los hombres le preguntaban por qué el personaje no permanecía con su marido, mientras que las mujeres decían: qué bien, es un personaje que nos da libertad, nos ofrece aire fresco. En general la cinta ha sido bien recibida sobre todo porque Josephine no impone un punto de vista, sino porque intenta explicar por qué llega esta mujer a esta opción de ejercer la prostitución y cómo llega a disfrutar de esta nueva libertad. Cuando la cinta fue vista en Estados Unidos nos dijeron que es una nueva visión del ejercicio de la prostitución donde no aparece como algo sucio.”

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Con otros códigos, tanto dramáticos como formales, se presentaba en esta cuarta jornada la cinta Tu mérites un amour, nueva producción francesa que narra la vida de Lila, una joven cuya vida se ve alterada cuando descubre que Rémi, su novio, tiene una relación con otra chica. A partir de ese momento, Lila comienza un periplo por las calles de la ciudad, saltando de relación en relación en busca de un amor que no parece encontrar en ningún sitio. Con estas piezas, la realizadora Hafsia Herzi arma, en su debut en el largometraje, un collage de situaciones que quieren ser un boceto de su generación. Un relato que, contaba la propia Herzi, pasa de lo particular a lo universal, inducido, en primer lugar, “por mi propio sentimiento de incomprensión respecto del amor. Pero me he dado cuenta de que es un sentimiento universal que pasa a través de generaciones y de distintas personas.”

El guion de Tu mérites un amour es el resultado de una investigación personal de la directora sobre esa sensación de pérdida que asalta a aquellos a los que, alguna vez, se han sentido dominados por estas emociones. “Esta cinta es fruto de una gran labor de investigación y de estudio. La investigación ha venido sobre las penas de amor que cruzan tanto a ricos, como a pobres. Hay gente que sale de ello y hay gente que no. Es una especie de estudio sociológico. Cuando la cinta ha sido proyectada en Cannes y en otros festivales, he recibido el testimonio de muchas personas diciéndome que también habían pasado por ahí. Después de su estreno, en Francia me paran por la calle y me dan las gracias por haber reflejado ese sentimiento, lo cual me alegra porque no lo he traicionado.”

Como en el caso de Alice, de nuevo estamos ante una producción realizada con escasos recursos financieros, circunstancia que iba a condicionar tanto el rodaje como el resultado final de la cinta. “El rodaje fue muy peculiar porque solo teníamos mil euros como presupuesto de partida. Hablé con los actores y les dije que les pagaría si la película llegaba a proyectarse. Pedimos prestada la decoración, por ejemplo, y tuve que negociarlo todo. La película se rodó en tres periodos de cinco días, entre julio, agosto y septiembre. No teníamos dinero, ni distribuidor, pero afortunadamente la cinta fue seleccionada en Cannes”, comentaba Herzi. Para llevar adelante su proyecto, fue necesaria la colaboración de un reparto que, en muchos casos, se enfrentaba a su primer trabajo delante de las cámaras. La propia elección de la directora como actriz protagonista de la cinta estuvo motivada por las mismas condiciones de financiación, tal y como revelaba Herzi en su encuentro con la prensa y el público del certamen. “Hace diez años hice un cortometraje en el que también actuaba y me prometí no hacerlo nunca. En este caso estuve pensando varios días qué hacer, pero el problema era la autoproducción. Pensé, me puedo arriesgar y llamar a alguien, pero corría el riesgo de que el rodaje se eternizara. Entonces, me dije: me lanzo yo. Eso me ha proporcionado una gran sensación de independencia, y como fui yo misma la que compuso el personaje a través del guion, sabía cuándo la cosa marchaba o no. La verdad es que fue un trabajo infernal, casi me vuelvo loca, pero, al mismo tiempo, tenía que sacar energía de donde fuera.” Estas condiciones, sin embargo, permitieron a Herzi dar con el tono adecuado: “lo que quería mostrar era la Francia de ahora, la de hoy. Quería hacer era una cinta sin tabúes, sin límites. Y, de hecho, parece eso, aunque estaba totalmente estructurada. Aunque parece que los diálogos son libres, no es así.”

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