Imposible no enamorarse de Eva Rojas, una psiquiatra descarada y carismática que lo mismo le vacila a la policía que a una panda de nazis desquiciados mientras hace labores de detective. La conocimos en Soy su silencio (2024), donde Jordi Lafebre, con un buen guion y un grafismo limpísimo, supo combinar humor, crónica social y thriller en la Barcelona de hoy. Soy un ángel perdido arranca con Eva encima de una grúa kilométrica, sobre un cadáver del que sólo sobresalen dos piernas de una losa de hormigón, como el monje del caldero en El nombre de la rosa. Ha llegado ahí buscando a uno de sus pacientes, una joven estrella emergente del fútbol, y ahora es sospechosa de un crimen del que ha sido la única testigo. S.M.

En busca del futuro
Plataforma: Filmin
Una mirada a cómo el cine de ciencia ficción de los años ochenta imaginó el futuro tecnológico.






