HASTA EL DOMINGO 27/9
CCCC. Museu, 2
Que nadie espere una colección coherente y planificada, porque Avelino Marín se mueve desde la pasión. De ello presume. Si se enamora de algo, va detrás, sin importar que su autor sea un artista consagrado o un joven que empieza. Marín dice funcionar por enamoramiento, aunque a veces no llegue a consumarse la unión, porque la pieza se le escapa de las manos o es demasiado cara. Asegura que nunca ha adquirido una obra para guardarla en la caja fuerte de un banco y poder especular después, pensando que es una buena inversión porque se va a revalorizar. Lo suyo es impulso, pasión, de ahí que su colección sea un reflejo personalísimo de sus gustos. Como su colección es caótica y no tiene unas guías a las que engancharse, también lo es esta Breve historia de una pasión que pone el ojo en dos grandes temas que la atraviesan: el cuerpo y la pasión.
Para comprar arte del nivel que atesora Avelino Marín hace falta mucho dinero, que en este caso viene de una empresa familiar de varias generaciones (la fundó su abuelo) dedicada a vinos, licores y productos gourmet. A los dieciséis años empezó a coleccionar gracias a una herencia y el deseo es una máquina que nunca se agota. Al principio se fijó en piezas de arte antiguo (Románico, Modernismo catalán…) y con los años se fue volcando hacia el arte más contemporáneo, hasta amasar 1.800 piezas que hoy conforman una colección sustancial. Las guarda, desde hace más de veinte años, en su casa, proyectada por el arquitecto Javier Peña Galiano en Los Alcázares (Murcia). Es una vivienda con nueve mil metros cuadrados de jardín en la que caben expuestas 350 obras que, cada dos o tres años, van rotando. La exposición del CCCC quiere, precisamente, replicar esa gran casa evocando cuatro de sus estancias: estudio-habitación-sala de juegos-salón. Hay obra gráfica en la primera estancia, piezas íntimas y eróticas en la segunda, vídeocreación en la tercera; y pintura y cerámica en la última, que incluye dos porcelanas vienesas del siglo XIX que muestran a dos mujeres vestidas de época —una de ellas con traje masculino—, con la que Marín arrancó la colección, y Parábola (1977) de Equipo Crónica, la primera obra de arte contemporáneo que adquirió—pagada a plazos— y que formó parte de la última exposición del colectivo artístico.
Pocas veces ha entrado en el museo tan buen pedazo de la colección de Avelino Marín. El Museo Ramón Gaya expuso obra sobre papel en 2023 y el Centre del Carme sube la apuesta este 2026 con cien obras en forma de pintura, fotografía, grabado, dibujo, instalación, escultura, vídeo y cerámica que, por primera vez, salen de Murcia. Encontraréis grandes tótems del arte a los que les sobra el nombre de pila, como Rembrandt, Matisse, Hockney, Mapplethorpe, Warhol, Beuys o Manet; reconocidos artistas internacionales como Jules Pascin, R.B. Kitaj, Sean Mackaoui, Georges Valmier, Erwin Olaf, Pat Andrea y Liliana Porter —estos tres últimos, grandes fetiches de la colección—; artistas españoles de renombre como Antonio López, Alberto García-Alix y Esther Ferrer; y creadores de la tierra como Eusebio Sempere, Manu Blázquez, Miquel Navarro, Equipo Crónica, Rosa Torres, José Luis Cremades y Nico Munuera, el puente que une las vertientes murciana y valenciana por ser lorquino de nacimiento, pero valenciano de adopción. La personalísima colección de un potentado murciano se despliega como Pedro por su casa en la vecina València. S.M.







