El mundo se ha acabado. Por fin una noticia capaz de unirnos… y aun así seguimos discutiendo. En medio de las ruinas de una civilización agotada de opinar, consumir, inaugurar cosas inútiles y hacerse fotos delante del desastre, un grupo de supervivientes intenta entender qué salió mal. O peor todavía: qué salió exactamente igual de lo previsto. El fin del mundo (y nosotros riéndonos) es una comedia absurda y cruel sobre humanos incapaces de dejar de comportarse como humanos incluso cuando ya no queda planeta, futuro ni cobertura.
Políticos sin ciudadanos.
Influencers sin seguidores.
Expertos sin soluciones.
Aeropuertos sin aviones.
Y jubilados celebrando el colapso como si por fin hubieran conseguido mesa en una terraza tranquila.
Una sucesión de miniescenas afiladas, ridículas e incómodamente reconocibles donde el humor funciona exactamente igual que en la vida moderna: como sistema de supervivencia y como prueba definitiva de que probablemente no aprendimos nada.





