¿Qué rastro dejamos al habitar un espacio? Gesto no es solo un dispositivo escénico interactivo; es un laboratorio de percepción donde el movimiento individual se convierte en el lenguaje de un entorno vivo. Esta pieza invita a bailarines y público a sumergirse en un ecosistema dinámico donde la tecnología y el cuerpo firman un pacto de cocreación.
En el corazón de Gesto late una alfombra digital, un territorio fértil que espera ser despertado. Al cruzar su umbral, cada paso y cada intención se transforman en catalizadores de paisajes sonoros y visuales. No es una proyección estática; es una naturaleza reactiva. Mediante sensores que detectan la presencia, la pieza traduce el peso, la velocidad y la trayectoria en distorsiones lumínicas y composiciones aleatorias. Aquí, el espectador deja de ser un observador externo para convertirse en el pulso mismo de la obra.
Gesto nos propone un ejercicio de humildad y asombro: entender que nuestra presencia modifica el paisaje. Es una metáfora de nuestra relación con el planeta, donde la creatividad se pone al servicio de la convivencia. Al movernos en libertad, no solo generamos arte, sino que aprendemos la importancia de nuestra huella en un mundo de percepciones cambiantes.




