El espectáculo comienza con una acción inicial: el público escribe en un mural frases breves que evocan recuerdos — momentos, imágenes, sensaciones o fragmentos de vida. A partir de ese material, dos intérpretes construyen en directo escenas improvisadas, imágenes físicas y relatos escénicos. No se trata de ocurrencias ni de humor inmediato, sino de dar forma teatral a memorias posibles. Las piezas aparecen como retales: algunas son breves, otras se desarrollan; algunas luminosas, otras delicadas o absurdas. El conjunto forma un collage escénico de evocaciones vivas que se construye en diálogo con la huella escrita del público presente.
Cada función sucede una sola vez.



