Agotado por la sordera y perseguido por un poder que pretende silenciarlo, el mismo poder al que ha servido y retratado durante toda su carrera, Goya enloquece de lucidez. Entre delirios, visiones y encuentros con figuras como la Duquesa o Pepita Tudó, abandona para siempre una corte que ya no soporta y comienza a pintar al pueblo: al pueblo olvidado y a su desesperación. De este momento de fuga y frustración nacen Los Disparates, visiones brutales de la condición humana de su época.
En esta huida, Goya se encuentra con el pueblo gitano: discriminado, pero ardiente y lleno de arte. Es la cueva de los gitanos la que se transforma en un tablao del que emergen música, cantaores, bailaores y músicos, donde el flamenco se revela como respuesta al silencio impuesto.
El flamenco se convierte en el lenguaje central de la obra como forma de resistencia, dignidad y discurso político. El baile no ilustra: confronta.






