Listening Desire, Carne y Voluntad, su segundo y último disco hasta la fecha, uno tiene la sensación de que Candelabro empiezan sus canciones sin saber muy bien qué cosas pasarán en ellas con el paso de los minutos o incluso de los segundos. Dicho en el mejor de los sentidos: el art-rock de esta banda chilena es tan impredecible, libre e independiente que por momentos parece moldearse sobre la marcha.
Su música frena y acelera, se encoge y se expande, se eleva y se deja caer al vacío guiada por impulsos muy complicados de vaticinar. Por eso sus canciones pueden durar poco más de dos minutos o más de nueve. Ese libre albedrío hace que Desire, Carne y Voluntad conecte con la obra de bandas anglosajonas contemporáneas como Black Country, New Road, Still House Plants o Water From Your Eyes. Igual que pasa con todos esos grupos, parece que Candelabro se han encontrado con el rock por casualidad. Da la sensación de que iban a otro lado y al final han acabado ahí sin saber muy bien cómo.

