Confèrencia-Debat
Martes 4/6 de 2019   19.00
Sporting Club Russafa
Valencia (Russafa ❤)
Entrada libre

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Así se expresa en la Carta Fundacional de la Declaración de los Derechos Humanos uno de los derechos que como vemos día a día en las noticias de la prensa y en la calle más se vulnera en el mundo. Se trata éste de un derecho que resulta angular en la conformación de los seres humanos como seres sociales, que nos convierte en ciudadanos y ciudadanas, en personas críticas y responsables. Pero que parece que nunca está lo suficientemente consolidado como nos demuestra la Historia desde la muerte de Sócrates. A los poderes públicos les resulta intolerable la posibilidad de ser juzgados por las personas a las que dicen servir. Para ello se arropan con argumentos como posibles peligros exteriores e interiores, enemigos reales o ficticios, creando una corriente de miedo colectivo que asegure que las personas acepten sin rebelión ser privadas de este derecho que afecta al pensamiento mismo de cada miembro de la sociedad. Hoy en día la argumentación favorita de los gobiernos es el terrorismo y ante el terror todo vale. Los poderes públicos de casi todos los Estados han redactado leyes que limitan o incluso anulan los derechos de expresión, información y reunión. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional al publicar un exhaustivo análisis, desde la perspectiva de los derechos humanos, de las medidas antiterroristas adoptadas en 14 Estados miembros de la Unión Europea.

En un moderno giro del orwelliano “delito de opinión”, la gente puede ahora ser procesada por actos que tienen un vínculo sumamente tenue con una conducta delictiva real. Al centrar cada vez más las medidas antiterroristas en la prevención, los gobiernos han invertido en iniciativas “predelictivas” y han recurrido con una frecuencia cada vez mayor a órdenes de control administrativo para restringir la libertad de circulación y otros derechos. El miedo a ser calificado de amenaza para la seguridad o de “extremista” ha tenido un efecto disuasorio que ha limitado la libertad de expresión. En España, Desde que el pasado 1 de julio de 2015 entró en vigor la “Ley Mordaza”, estamos viviendo un incremento de abusos policiales y de la vulneración de derechos debido, en muchos casos, a la discrecionalidad de los agentes en sus actuaciones por la presunción de veracidad que les otorga el ámbito administrativo (su testimonio está por encima del de la ciudadanía) y al poder de valoración que les confiere la Ley de Seguridad Ciudadana. Son alarmantes los casos de periodistas, artistas, escritores y escritoras, músicos, etc multados, detenidos, juzgados y encarcelados, viendo coartado su derecho de libertad de expresión.

Preocupados por este insólito clima de falta de libertad, nos proponemos hacer un ejercicio de reivindicación de la misma y dedicar la 9º edición de las tertulias literarias de los Martes Negros a analizar de qué manera este derecho se ve conculcado a través de la mejor literatura y os proponemos acercarnos a la lectura de obras como: “Els sudaris no tenen butxaques ”/”Los sudarios no tienen bolsillos” de Horace McCoy, “Gomorra” de Roberto Saviano, “El conte de la serventa”/ “El cuento de la criada”, de Margaret Atwood, “Betibú” de Claudia Piñeiro, “Vestides per a un ball en la neu” de Monica Zgustova i “Operación masacre” de Rodolfo Walsh.

Martes, 4 de junio
OPERACIÓN MASACRE.
Rodolfo Walsh
En 1956 fracasó un levantamiento cívico-militar de inspiración peronista, contra la dictadura autodenominada Revolución Libertadora, liderado por el general Juan José Valle. Durante el proceso de represión del mismo, cinco civiles fueron fusilados en forma clandestina sospechosos de estar en el alzamiento, en un terreno descampado de José León Suárez, en las cercanías de Buenos Aires. “Hay un fusilado que vive”. Esa frase, susurrada en un café de La Plata, movió al periodista y escritor de relatos criminales Rodolfo Walsh a investigar esa matanza policial perpetrada seis meses antes de la que no había noticia pública verdadera. Walsh, con 29 años entonces, se puso a trabajar y averiguó que no había un único superviviente, sino siete. Siete de un total de doce personas –cinco fueron, por tanto, los asesinados– que, en la noche del 9 de junio de 1956, fueron detenidos, conducidos a comisaría y, finalmente, pasados por las armas antes del amanecer en un vertedero. Este libro se encuadra en un estilo híbrido entre periodismo y literatura y da nacimiento a un nuevo género literario, no ficción o novela testimonial. Walsh combina los materiales reales que él encontró de la investigación con las estrategias narrativas para mejorar la verdad de un acontecimiento. Operación Masacre pulverizó la versión oficial, documentó un caso de terrorismo de Estado que se volvería una práctica generalizada de las dictaduras latinoamericanas en las tres décadas siguientes bajo la Doctrina de la seguridad nacional promovida por Estados Unidos.

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